miércoles, 25 de mayo de 2011

LA PLAZA DE TOROS DE BEAS. UN EJEMPLO DE ARQUITECTURA EFÍMERA.

La Plaza de España de mi pueblo, Beas, o sencillamente la Plaza a secas, ha sido, y sigue siéndolo, la plaza mayor de la población, la que constituye el núcleo principal de la vida urbana, el centro neurálgico del pueblo. Este espacio situado en la cota más alta de la colina sobre la que se asienta el casco urbano de Beas se encuentra dividido en dos ámbitos bien diferenciados, separados por una amplia escalinata que la divide en dos. Por un lado el Paseo o zona más alta del mismo. Tal y como su nombre indica ha sido siempre el lugar elegido por los beasinos para pasearse, es decir, para ir andando pausadamente por distracción al calor de una entretenida charla, un acto social que desde siempre ha gustado al común de los vecinos de la población. Por otro lado se encuentra la Plaza en sí, la zona baja del conjunto. Este ha sido siempre otro ámbito de trato común entre los vecinos, pero más ligado a mercados, ferias, fiestas, negocios, bares y tabernas.

En la Plaza se encuentra, como suele ser común en todos los pueblos, el centro político-administrativo de la localidad. Allí se ubica, en su frente sur, el Ayuntamiento, edificado en 1881 sobre el solar que hasta pocos años antes ocupaba el edificio del Hospital de San Bartolomé. La Plaza, además de ser el centro político de la población también es el núcleo de la vida religiosa, pues también se encuentra en ese espacio el principal edificio de culto de Beas, la Parroquia de San Bartolomé Apóstol, cuya fábrica se inició en los siglos XV y XVI. La Plaza es igualmente el centro del poder financiero, en ella o en su entorno inmediato se localizan las principales oficinas bancarias del pueblo. Y hasta los años 70 del siglo XX también fue el principal centro comercial del pueblo, pues es ella tenía lugar el mercado del mismo. Además en su perímetro se asientan algunos de los principales edificios ligados a la vida cultural y recreativa de la población: la Biblioteca y Casa de la Cultura –cuyas instalaciones ejecutadas en 1882 fueron ideadas inicialmente para albergar las escuelas públicas de Beas-, el Círculo Cultural Recreativo –conocido por todos como Casino Grande-, aquella sociedad de hombres que se creían de una misma clase y condición y en la que tantas cuestiones políticas o económicas se han tratado, lugar además elegido por sus socios para el esparcimiento, el juego o la lectura. Junto al Casino también algunas peñas de origen más reciente se han instalado en este espacio, cuyos miembros ya no se distinguen por su sexo o condición social, sino por compartir unas mismas aficiones. Amén de estos espacios un amplio repertorio de bares, tabernas y cafeterías han tenido a este espacio como lugar de ubicación. Algunos de ellos, ya desaparecidos, han dejado edificios de gran belleza como fue el Bar España que, junto con el Casino Grande, tenía uno de los más bellos salones sociales de la población.

Pero la Plaza también posee algunas viviendas particulares, pocas comparadas con otros espacios del pueblo, son una muestra de la arquitectura popular desarrollada en los siglos XIX y XX, las cuales se asientan, principalmente en sus frentes norte y oeste.

La Plaza de España eje y principal punto de ocio y encuentro de los habitantes del pueblo ha sido y es, por tanto, el espacio en el que se ha desarrollado y siguen aconteciendo gran parte de los acontecimientos sociales del pueblo: desfiles procesionales, conciertos de música, encuentros sociales y políticos... y, como no podía ser de otra manera, la mayor parte de las fiestas de la población.


La fiesta de San Bartolomé y los toros.

En este sentido la Plaza ha sido desde el inicio de la Feria de San Bartolomé el espacio principal en el que ha venido desenvolviéndose la misma. Cuando en 1782 Carlos III concede al Ayuntamiento de Beas la celebración de una feria agrícola y ganadera coincidiendo con la festividad de San Bartolomé, la misma se va a desarrollar en este lugar (a excepción de los tratos ganaderos, que van a tener como eje el Cordel de Portugal, las actuales calles Colón y Andalucía). Aquí va a tener cabida a partir de la fecha indicada una feria comercial que se celebraba durante los días 25 y 26 de agosto, los dos posteriores a la fiesta de San Bartolomé. Era esta una feria comercial en la que se podía encontrar productos textiles, frutas, vinos, aceites, artesanías locales, jabones... Junto a ella y al calor de las tabernas que allí se ubicaban, irá desarrollando también una fiesta de carácter más lúdico que dará paso, con el correr de los años, a la actual feria de agosto.

Cuando en 1835, se celebraron por vez primera las corridas de toros coincidiendo con la feria agrícola de San Bartolomé, las mismas también se van a celebrar en este mismo espacio. En sus primeros años de desarrollo sólo debieron durar dos o tres días estos actos taurinos. La plaza de toros ideada para la celebración de los mismos debió ejecutarse de un modo bastante espontáneo, es decir, aportando los vecinos de la población sus carros para las tareas agrícolas a fin de conformar un espacio cerrado y relativamente confortable desde el que poder disfrutar del espectáculo taurino. Posiblemente desde ese primer momento el espacio dedicado a la lidia debió de quedar configurado con su forma cuadrangular actual, impuesta por el propio trazado de la Plaza.

Conforme vaya pasando el tiempo esta espontaneidad inicial con la que fue trazado el cuadrilátero taurino fue poco a poco perdiéndose en beneficio de una mejor organización, impuesta por criterios de comodidad y espacio. De este modo la plaza de toros va a ir adquiriendo paulatinamente el desarrollo tan singular que hoy en día conocemos. Los carros fueron desplazados a los lados más estrechos del cuadrilátero, los de las fachadas norte y sur del mismo, para dejar paso por los costados este y oeste a sendas empalizadas que permitían el acomodo de un mayor número de espectadores, posiblemente de origen foráneo que también querían disfrutar del mismo y que no podían hacerlo en los carros aportados por los vecinos.

Poco a poco del uso de los carros debió pasarse a la construcción de lo que conocemos como carretas, es decir, andamios desde los cuales contemplar el espectáculo, realizados con las ruedas de los carros que ya iban quedando en desuso a las que se les añadía una plataforma desde la que poder ver con mayor comodidad la lidia. Esta solución, además de poder aportar mayor acomodo, también debió posibilitar un mayor número de espacios familiares en el terreno de rejoneo, toda vez que al eliminar el resto de los elementos que conformaban la estructura del carro se permitía ganar mayor número de andamios particulares en el cuadrilátero.

La evolución lógica posterior del desarrollo de la plaza de toros fue la construcción de nuevos andamios, los cuales irán aumentando en número paralelamente al crecimiento natural de la demanda de los mismos. Estos nuevos tablados fueron realizados en los otros dos lados del cuadrilátero taurino, los no ocupados por las carretas, los de los frentes este y oeste. Fueron construidos en madera apoyándose en los palos de las empalizadas y realizados a mayor altura que las carretas con el fin de dejar espacio bajo ellos a aquellas personas que no podían contar con uno de estos y que querían disfrutar del juego entre el hombre y el toro. A medida que ese espacio se fue ocupando, y como las peticiones de nuevos andamios no dejaban de crecer, se hizo necesario crear otros tras las carretas, hasta quedar completado en su integridad todo el perímetro de la plaza de toros en sus cuatro lados.

La arquitectura de la plaza.

Configurada definitivamente esta arquitectura efímera, el Ayuntamiento se veía cada año en la necesidad de ir buscando palos con los que realizar la estructura del cuadrilátero taurino. Los mismos eran generalmente cedidos de modo gratuito por algunos vecinos de la localidad. A partir de los años cuarenta de la pasada centuria comenzó a detectarse el problema de la falta de palos para construir el recinto por lo que el Cabildo Municipal debió buscar soluciones al problema. En el año 1951, tras la celebración de los festejos, que por cierto tenían una duración de seis días, el Ayuntamiento convocó un Pleno en el que quedó patente el problema pues se tropezó dicho año “con dificultades para la cesión gratuita de los palos”, acordándose facultar al alcalde, que a la sazón era Martín Sayago Sayago, para que “realizase las gestiones encaminadas a la adquisición de los mismos”[1].

Un año después aún no pudo adquirirse la madera, por lo que el problema persistió. No fue hasta el 30 de octubre de 1952 cuando en sesión ordinaria del Pleno Municipal el Alcalde informó al resto de la corporación municipal de la adquisición de todo el material para la construcción de la plaza de toros. Se compraron 206 palos de pino y eucalipto, con una medida total de 824 metros lineales, que tuvieron un coste de 8.240 pesetas.

Para que la construcción del cuadrilátero taurino pudiese realizarse del modo más rápido, seguro y certero posible se ideó un plano del mismo, el cual aún se conserva y se sigue fidedignamente cada año en el momento de su construcción. Todos los palos fueron grabados con un número a fuego, siguiendo el plano antes citado, para facilitar su colocación. En agosto de 1953, es decir hace 52 años, se estrenó, por tanto, el trazado definitivo de la plaza de toros. El cuadrilátero taurino quedó conformado por 37 palos verticales y 75 colocados horizontalmente en grupo de cinco. Además para la corrala se necesitaron otros 16 palos verticales y 30 horizontales. Los restantes hasta completar los 206 se utilizaron para la construcción del andamio de los músicos y los burladeros de la plaza, tal y como puede observarse en los planos adjuntos.


[1] Acuerdo del Pleno Municipal del día 29 de noviembre de 1951.

martes, 24 de mayo de 2011

BEAS Y LAS ELECCIONES MUNICIPALES DE 1979.

Ahora que acabamos de celebrar nuevas elecciones municipales, es el momento de recordar cómo se vivieron en Beas aquellas primeras elecciones municipales de la transición, en 1979.


El domingo 25 de marzo de 1979, hace poco más de 30 años, se enfrentaron en el Estadio Municipal Colombino de Huelva, el Real Club Recreativo de Huelva de Eusebio Ríos y el Real Madrid de Luis Molowny. Aquella temporada de 1978-79 era una temporada histórica para el conjunto onubense que, por vez primera en su dilatada historia, participaba en la máxima categoría de la Liga, la Primera División. Muchos beasinos acudieron a Huelva para ver, tal vez también por primera vez en sus vidas, al equipo de sus amores, me refiero al Real Madrid que tantos seguidores tenía y sigue disfrutando en nuestra población, aunque muchos de ellos iban con esa sensación agridulce de sentirse, al mismo tiempo, próximos a los colores del conjunto local, el de la tierra, el Recreativo. Durante el camino en coche hacia Huelva, o en la barra de algún bar de los alrededores del estadio –donde, por cierto, comenzaba a consumirse como gran novedad la Cruzcampo Sin-, o en las gradas del propio campo de fútbol, así como en el posterior retorno al pueblo, muchos aficionados comentarían entre ellos el resultado de aquel encuentro, 1-2, favorable al equipo visitante, con el que se hundía un poco más el conjunto local en la tabla clasificatoria: último con 26 puntos. Pero, además de este apasionado tema de conversación, existió otro tan entusiasta como aquel, cual era la proximidad, a diez días vistos, de la celebración de las primeras elecciones municipales de carácter democrático en casi medio siglo de vida.

Por tanto junto a nombres como los de Romero, Isabelo, Lapi, Zambrano, Del Bosque, Stielike o Juanito, jugadores de los dos conjuntos deportivos que se enfrentaron aquella tarde de domingo en Huelva, también surgieron en las conversaciones otros como los de Manolo Ruiz, Manolo Muniz, Manuel Ramírez, Miguel Caballero, José Morera, José Minero, Pepe Azogil, Joaquín Mora o Jacinto Paredes, por citar solo algunos de los integrantes de las distintas listas electorales que iban a concurrir a las elecciones municipales a celebrar el día 3 de abril de 1979. Los partidos que habían manifestado intención de presentarse a obtener algún acta de concejal en el nuevo gobierno municipal eran: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), la Unión de Centro Democrático (UCD) y el Partido Comunista de España (PCE). Aquellos coches en los que se desplazaron los aficionados hasta Huelva, el Seat 127 o en el flamante Ford Fiesta, el coche de moda en esos momentos, con tracción delantera y radiocasete en el salpicadero, sirvieron de escenarios improvisados para estas apasionadas conversaciones entre los hinchas locales. Pero también fueron círculos de tertulia animada los dos Casinos de la población o los bares del entorno de la Plaza de España, en donde se retransmitía por la Primera Cadena de TVE el partido entre el Real Burgos y el FC Barcelona, otro de los grandes equipos nacionales que contaba, igualmente, con un gran número de seguidores entre los beasinos.

Aquellas elecciones municipales del martes 3 de abril de 1979, estaban llamadas a ser un importante acontecimiento en España, eran el último paso para reorganizar los órganos del Estado: el franquismo desaparecía con estas elecciones de los ayuntamientos, renovando la política municipal, como en los dos años precedentes había ocurrido con el resto de los órganos del Estado. Habían pasado 48 años, desde el 12 de abril de 1931, en que no se celebraban elecciones municipales democráticas en el conjunto de España. Durante la etapa de la dictadura del General Franco, el alcalde de un municipio era el delegado del gobierno en el mismo, por tanto, nombrado y destituido, junto a la mayor parte de los concejales, por el Gobernador Civil de la provincia.[1] El municipalismo iba a iniciar ahora una nueva etapa democrática en España, pero a diferencia de otras precedentes en las primeras décadas del siglo XX, esta que ahora echaba a andar se va a caracterizar, con el paso del tiempo, por la ausencia de sobresaltos, la no invalidación de resultados electorales o la ausencia de ingerencia gubernamental en los ayuntamientos.

Una semana después de aquel acontecimiento deportivo al que nos referíamos al comienzo de nuestro relato, la vida política y social del país seguía aportando apasionados temas de conversación. El viernes 30 de marzo de 1979 era investido Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, líder de la Unión de Centro Democrático (UCD), el partido que había ganado las elecciones Generales celebradas a comienzos de mes de marzo. Este hecho despertó no pocas tertulias matutinas al calor de una copa de aguardiente en el bar de Manolo en el Mercado Municipal[2], así como en las sobremesas de café del Casino Grande. En lo deportivo aquel fin de semana previo a la convocatoria electoral se presentaba menos interesante que el anterior, toda vez que la Liga hacía descanso con ocasión del próximo partido que la Selección Española debía jugar en Rumania. Pero, a falta de entretenimiento futbolístico, la Primera Cadena de Televisión Española –una de las dos existentes en aquellos momentos- nos brindaba otras distracciones, además de un nuevo capítulo de la serie “Los Ángeles de Charlie”, también se retransmitía desde Jerusalén en directo, la noche del sábado 31 de marzo, la vigésimo cuarta edición del Festival de Eurovisión. Este festival centró la atención de muchos beasinos aquella noche porque nuestra representante, Betty Misiego quedó en segundo lugar con su tema “Su canción” por detrás de los anfitriones los israelitas Gali Atari and Milk and Honey con la canción “Hallelujah”. La participación española fue muy anecdótica y dio para intensos debates, porque, aparte de incluir niños en los coros, en la última votación, que correspondía a España, ésta ganaba por 1 punto a Israel hasta que el jurado español concedió 10 puntos a los israelíes que ganaron en detrimento de Misiego[3].

Después de aquella retrasmisión los más jóvenes salieron con los amigos para disfrutar de la noche del sábado, en el local de la Asociación de Jóvenes (el club juvenil que había sido creado en 1975[4] y que se encontraba en la antigua Escuela de Párvulos); o en la Discoteca Osiris o en el Pub Kyntmar´s[5], los grandes lugares de encuentro de los jóvenes en esos momentos en Beas. España se encontraba en plena vorágine discotequera, con los ecos recientes de la película “Fiebre del sábado noche”. En estos sitios de encuentro se bailaba al ritmo de Village People, Boney M, Burnig o Triana. Pero también con canciones más románticas -cuando se decía aquello de “vamos a bailar lentos”- de la mano, por ejemplo, de Víctor Manuel y su famoso tema “Solo pienso en ti” o de cualquier otro acorde pegadizo del dúo Pecos que se encontraba en pleno boom comercial. Entre charla y charla, entre copa y copa, entre baile y baile, hubo tiempo para comentar la Eurovisión, pero también para hablar de las elecciones municipales del martes siguiente. Y es que aquella juventud se sentía apasionada por los cambios políticos que estaba viviendo el país, no en vano muchos dirigentes de la Asociación de Jóvenes, serían en el futuro cercano destacados líderes de la política local.

Estos jóvenes, en abril de 1979, al igual que sus padres, votaban por vez primera para elegir a su futuro alcalde. Algunos habían oído de boca de sus abuelos cómo se habían elegido a los concejales durante la dictadura, e incluso, comentaban con interés cuando su abuela votó libremente por última vez durante la II República.

El domingo 1 de abril sirvió para preparar los colegios electorales, que se encontraban, como en las ocasiones precedentes, en las antiguas Escuelas de Párvulos que, además, servían de escenario para los animados mítines de la precampaña electoral. Esas escuelas estaban situadas en un edificio de esquina entre la Plaza de España y la entonces calle General Franco[6], el lugar que habitualmente habían ocupado las urnas desde el referéndum de 1976. Las Escuelas de Párvulos pronto se transformarían en Casa de la Cultura y Biblioteca Municipal, uno de los principales objetivos que iban a acometer los primeros gobiernos municipales democráticos en Beas[7]. La Plaza de España, de la que colgaban los carteles electorales con las figuras y logotipos de los principales candidatos y partidos, estaba muy animada, fue punto de encuentro entre los que daban los últimos mítines electorales, quienes preparaban la jornada electoral y quienes salían de la misa dominical o llegaban a la iglesia para preparar la Semana Santa que iba a comenzar el fin de semana siguiente. La animación de la Plaza se veía de vez en cuando interrumpida por aquella famosa frase: “!Atención, atención¡…” preludio de los pregones que se emitían desde el altavoz del Ayuntamiento anunciando e informando, en este caso, sobre la próxima convocatoria electoral[8].

Entre los carteles electorales que coloreaban la Plaza de España aparecían muchos ilustrados con dibujos. Eran la tónica general del momento. Entre estos estaban los editados por el gobierno para las campañas institucionales que animaban a la participación con lemas como “Los problemas de tu calle, de tu barrio, de tu municipio dependen de ti. VOTA. Porque tu municipio es asunto tuyo”. Con dibujos muy elementales y los colores corporativos de la formación: verde oscuro y naranja también aparecieron los de la UCD con el lema “Vota un alcalde UCD para un municipio mejor”. Pero los más destacados fueron los presentados por el partido socialista con aquellos dibujos de José Ramón Sánchez, que luego triunfaría en televisión en el programa Sabadabadá o el Desván de la Fantasía[9]. En los carteles socialistas los lemas más repetidos fueron: “Cambia tu ciudad con los socialistas” o “Tu ciudad necesita alcalde socialista. Vota PSOE”. La idea del cambio, que tan buenos resultados le dará a esta formación unos años más tarde, empieza a tomar forma. El Partido Comunista de España incidió en captar el voto de gente que a priori se presuponía no estaban interesados en votarles con propuestas en su publicidad electoral como: “los concejales deben ser elegidos entre todos. Esos concejales deben elegir al alcalde y controlar su actuación, para así evitar alcaldadas…Piénsatelo. VOTA PCE” u otros de lenguaje más directo relacionados con el momento histórico que se vivía “Quita un cacique, elige un alcalde”. En todos estos carteles se idealizaba la visión de lo que podía llegar a ser el pueblo o la ciudad tras las elecciones: cooperación de los ciudadanos para conservar plazas y jardines, grandes zonas verdes donde los habitantes jugaban, leían, etc.

Llegó la fecha, el día de la votación, el martes 3 de abril, jornada laboral[10], por lo que el Gobierno se vio obligado a publicar unas normas para facilitar la participación de los trabajadores en el proceso electoral, informándoles del disfrute de horas de permiso retribuido para acudir a la votación y poder ejercer su derecho. En aquellas fechas de comienzos de la primavera de 1979 nuestro pueblo contaba con 4.106 habitantes, de los cuales 3.239 formaban el censo electoral. En los tres últimos años estos electores habían sido llamados a distintos procesos electorales: el referéndum para la Reforma Política de 1976, las elecciones Generales de 1977, el referéndum para la aprobación de la Constitución de 1978 y las elecciones Generales de 1979, celebradas, como ya se ha dicho, un mes antes de las municipales, el 1 de marzo. En apenas dos años los españoles habían acudido a las urnas como nunca antes lo habían hecho. Los beasinos, como el resto del conjunto de los españoles, se habían familiarizado en poco tiempo con el sistema democrático. Por tanto, ahora, el día 3 de abril, todos los habitantes del municipio sabían poco más o menos, en qué mesa poder votar. Ahora bien, estas elecciones, a diferencias de las otras anteriores, resultaban más entrañables, se percibían como más directas, más cercanas. Por vez primera en muchas décadas los beasinos iban a poder elegir de modo directo de entre sus vecinos a quienes iban a dirigir los destinos del municipio. No era, por tanto, de extrañar el interés y el clima festivo de la jornada, como si otra vez fuese domingo. De hecho, muchas niñas que habían acompañado a sus padres o abuelos a la votación, una tónica muy general en la España de entonces, se entretenían ahora en la plaza con el hula-hoop[11], o intercambiando los cromos de la abeja Maya[12] comprados en el kiosco de Jerónima o en el puesto de Carmen la Estrella.

La participación electoral fue muy destacada, 3 de cada 4 electores se acercaron al colegio electoral a depositar su voto en las urnas, el 74,99% del censo. De los votos depositados solo 14 resultaron nulos y 8 lo fueron en blanco. Los restantes 2.407 fueron a favor de las distintas candidaturas que se presentaban a esas elecciones municipales. La participación en las elecciones generales del mes anterior había sido ligeramente inferior, el 71,28%. Algunos de esos votantes irían con un número del periódico del día bajo el brazo, ABC, Ya, Odiel, Diario 16, El País,… por cuyo ejemplar habían pagado 20 pesetas, o bien con la recientemente estrenada revista El Jueves. Todos estos medios llevaban en portada el tema del día: “3 de abril, llegó la fecha. HOY LAS ELECCIONES LOCALES”, tal y como lo intituló el diario provincial Odiel.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), legalizado en febrero de 1977, concurrió a estas primeras elecciones municipales con el debate abierto del abandono de las tesis marxistas para asemejarse al resto de los partidos socialdemócratas europeos, tesis defendida por su Secretario General, Felipe González[13]. La lista que presentó a las municipales beasinas la integraban doce hombres, encabezados por Manuel Ruiz Bando. Será la candidatura que obtendrá el mayor respaldo popular, 1.476 votos, el 61,12% de los recibidos por las candidaturas, ello le posibilitará obtener 7 de los 11 concejales que debían integrar la corporación municipal y, por tanto, poder formar el primer gobierno municipal de la etapa democrática contemporánea de nuestro municipio. Los hombres elegidos para dirigir los destinos del pueblo serán, además de Manuel Ruiz, más conocido entre el vecindario por Manolo Cortegana, los siguientes: Manuel Gómez Rivera, José Minero Cano, Cristóbal Domínguez Gutiérrez, Pedro García Cruz, José Salvador Azogil Gómez y Narciso Márquez Llanes.

La Unión de Centro Democrático (UCD), que había sido creada en 1977 de la mano de Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno de España, y en cuya formación se integraban gran cantidad de pequeños partidos nacidos en pocos años, entre los que destacaban el Partido Popular, el Partido Socialdemócrata o el Partido Demócrata Cristiano, presenta en nuestro pueblo una lista encabezada por Manuel Ramírez Botello y de la que formarán parte, entre otros, nombres como Manuel Jesús Muniz Beltrán o Joaquín Mora Romero[14]. La lista de UCD reflejará a nivel local la pluralidad política de la coalición en esos momentos de la transición en España. Será, además, la única candidatura que presente a una mujer en su formación: Ana Becerril Montero, que cerraba el cuadro con el número 11. Dieguina, como era conocida, no logrará su acta de concejal y, por tanto, el primer ayuntamiento de esta nueva etapa democrática no contará con ninguna mujer entre sus concejales, toda vez que las otras dos listas electorales no presentaban candidata alguna. La política municipal, al menos en lo que se refería a la implicación de la mujer en los partidos políticos, seguía siendo en gran medida cosa de hombres. La lista de UCD obtuvo 796 votos, el 32,96%, ello le posibilitó obtener cuatro actas de concejales, en las personas de Manuel Ramírez Botello, José Morera Martín, José María Ramírez Romero y Honorio Sotomayor Bando, constituyendo el primer grupo opositor en el nuevo ayuntamiento de Beas.

Junto al PSOE y la UCD también concurre a estas primeras elecciones municipales el Partido Comunista de España (PCE), liderado a nivel nacional por Santiago Carrillo, y cuya formación había sido legalizada el 9 de abril de 1977[15]. La lista de los comunistas en Beas fue encabezada por Manuel Ramírez Leñero en calidad de independiente. No obtendría representación en el nuevo ayuntamiento al alcanzar solo 135 votos (5,59%), unos resultados similares a los logrados por el PCE en Beas en las elecciones generales celebradas un mes antes (138 votos). A Manolo Ramírez le acompañaron otros nombres como Miguel Caballero, Francisco García Oreal, Jacinto y Domingo Paredes, Mariano Vallez o David Domínguez, entre otros. Los malos resultados electorales cosechados supusieron el fin de la candidatura comunista para las elecciones venideras. Habrán de pasar dieciséis años para que una nueva candidatura de esta índole concurra a las municipales, pero ya bajo las siglas de Izquierda Unida.

Tras las elecciones, como era de esperar, se constituirá el primer ayuntamiento de esta nueva etapa democrática de Beas, eso será el día 20 de abril de 1979. Aquel día bajo la supervisión del secretario de la corporación municipal se constituyó la mesa de edad que debía dirigir el proceso de elección del nuevo alcalde. Esa mesa estuvo formada por el concejal más joven de la nueva corporación, José Minero Cano, de 26 años, y el de mayor edad, Cristóbal Domínguez Gutiérrez de 62 años. Los once concejales en votación secreta debían optar por cada uno de los dos candidatos que propusieron las dos formaciones políticas que obtuvieron ediles en la nueva corporación municipal. Los aspirantes fueron Manuel Ruiz Bando y Manuel Ramírez Botello. Fue elegido, como era lógico, con el respaldo de 7 concejales, el primero de ellos Manuel Ruiz[16] que se convirtió de este modo en el primer alcalde de la reciente etapa democrática de España en nuestro municipio.

El nuevo equipo de gobierno municipal hubo de empezar a tomar decisiones para activar la vida del pueblo. Entre estas iniciativas aprobadas en los primeros meses de gestión municipal van a destacar las siguientes: se continuaron o programaron nuevas obras de pavimentación y mejora de las calles del pueblo, subrayando especialmente las del encauzamiento y saneamiento del Arroyo de Trigueros; también se trató de regular el tráfico y estacionamiento de coches por las calles de Beas, tema que ya comenzaba a ser un verdadero problema; se regularizó la situación de la gran finca de propiedad municipal, los Baldíos, que se encontraba administrada por la Empresa Nacional de Celulosas; se impulsó la construcción del Polideportivo Municipal cuyas obras ya se habían iniciado en la etapa anterior[17] y; finalmente, por citar solo las de mayor calado, se iniciaron los trámites de adquisición de terrenos para la construcción de viviendas públicas de carácter social, una demanda importante entre los vecinos de la población. Y es que pocas cosas más se podían hacer con un presupuesto municipal bastante reducido que era de 7.231.037 pesetas[18], unas cantidades muy alejadas de las actuales que rondan los 2.600.000 euros, más de 430 millones de las antiguas pesetas. Es decir se ha multiplicado por 60 el presupuesto de aquellos años.

El Ayuntamiento también tomó otro tipo de decisiones puramente políticas en estos primeros meses de trabajo y que, como es lógico, despertaron opiniones encontradas entre el vecindario. Una de ellas fue la rotulación de las calles con nuevos nombres, poniendo fin a aquellos con referencias franquistas, e introduciendo otros, en muchos casos, ajenos a nuestro pueblo.[19] . Solo hubo algunas excepciones en esta nomenclatura foránea, como la calle que rendía homenaje a Antonio Rodríguez Waflar, teniente de alcalde del último gobierno municipal de la II República asesinado al comienzo de la guerra civil.

Otra de las decisiones que en este ámbito se adoptó por la corporación municipal fue la adhesión del ayuntamiento a la solicitud de un régimen autonómico para Andalucía. La decisión fue tomada el día 13 de julio de 1979 por la unanimidad de todos los concejales, tanto los socialistas como los centristas. Beas se sumaba así a la petición de las administraciones locales de solicitar un estatuto de autonomía para Andalucía. En este sentido hay que destacar que la bandera de la futura comunidad autónoma ya ondeaba en el Cabildo de la localidad desde el gobierno de la última corporación preconstitucional, en concreto desde el día 14 de octubre de 1977, momento en el que se autoriza que esta bandera ondee en la fachada, iniciativa que fue promovida por el entonces concejal Alejandro Oreal Cruz[20].

Pero quizás la decisión política de mayor calado popular de las tomadas por la nueva corporación municipal fue la de instalar un Panteón en el Cementerio Municipal en recuerdo de las personas que al comienzo de la guerra civil española fueron fusiladas en Beas y que hasta ese momento no contaban con una sepultura digna.

En fin, el 3 de abril de 1979, comenzó un nuevo modelo de gestión municipal democrático. Había que habituarse a las pautas de gobierno y oposición, respetando el pluralismo político emanado de las urnas. El reto era lograr que el Ayuntamiento fuese la referencia ciudadana a la que acercarse en busca de soluciones para los problemas vecinales.

Tras el paso del tiempo, y después de 30 años de aquel proceso, cabe alguna reflexión: estas tres décadas han sido consideradas como el período más estable e importante de convivencia, progreso e igualdad social en nuestros ayuntamientos. Cabría hablar de éxito, a pesar de los sinsabores, frustraciones y errores habidos en el camino. Pero no cabe duda que la fisonomía de nuestra localidad y la calidad de vida de sus habitantes han experimentado una mejora más que notable en multitud de aspectos: consultorio médico, ambulancia, guardería pública, escuela de adultos, biblioteca, casa de cultura, museos, polideportivo municipal, parque, instituto de secundaria, atención social, cuidados a mayores y tóxico dependientes, viviendas sociales, gestión del patrimonio, ordenación territorial, etc. Son referentes con los que hoy cuenta nuestro municipio y que hemos construido con el esfuerzo de todos: decisiones del equipo de gobierno municipal, opiniones de los concejales de la oposición y, proposiciones y comentarios de los vecinos en general.



[1] El sistema de elecciones municipales en el franquismo fue un sistema pseudo representativo. La Ley de Bases del Régimen Local de 1945 estableció la designación gubernativa de los alcaldes, así como la elección por los cabezas de familia y mujeres casadas de un tercio de los concejales en los ayuntamientos, en el caso de Beas, eran tres concejales. Otro tercio de los concejales, otros tres, correspondía su elección a las representaciones sindicales, en el caso de Beas este tercio era elegido por los compromisarios de la Cámara Agraria Local. El tercio restante se elegía de entre una lista de personas de “prestigio”, propuesta desde el Gobierno Civil de la provincia.

[2] El Mercado Municipal fue promovido por el Ayuntamiento a final de la década de 1960-70 y había sido inaugurado a comienzos de esta nueva década en la calle Cruz Verde. Vino a reemplazar al mercado público que se instalaba en la zona baja de la Plaza de España. Archivo Municipal de Beas (en adelante AMB), Leg. 211 y 212.

[3] Esto provocó muchos comentarios en tertulias familiares, afirmándose que se votó a propósito a Israel para no organizar el festival al año siguiente en España, sin saber que los votos del evento se deciden antes de que empiecen las votaciones televisivas y no se pueden cambiar en función de cómo vaya el cómputo a medida que se desvelan los puntos.

[4] La Asociación de Jóvenes es autorizada a ocupar los locales de la antigua Escuela de Párvulos por acuerdo del Pleno Municipal del día 12 de diciembre de 1975 con el nombre oficial de Casa de la Juventud. AMB. Leg. 22.

[5] La discoteca Osiris fue autorizada por licencia municipal el 9 de junio de 1978. La solicitud fue presentada por sus promotores Francisco Manuel Gómez Leñero y Manuel González Rivera. AMB. Leg. 22. Se encontraba situada en la calle entonces llamada Queipo de Llano, número 146, la actual calle Diego Velázquez, junto al Polideportivo Municipal. El Pub Kyntmar´s, se encontraba en la actual calle San Sebastián y era conocido popularmente como pub de Rafael, el nombre de su propietario Rafael Quintero.

[6] Hoy llamada San Bartolomé.

[7] La creación de la Biblioteca Municipal de Beas, fue solicitada a las autoridades provinciales por el último gobierno municipal de la etapa predemocrática, presidido por Ramón Bardallo Rodríguez el día 8 de marzo de 1978. Si bien su creación efectiva será debida al primer ayuntamiento democrático de Beas presidido ya por Manuel Ruiz Bando que, además, creará la Junta Municipal de la Biblioteca, órgano de asesoramiento extramunicipal encargado de su funcionamiento. AMB. Leg. 22.

[8] El altavoz municipal fue instalado en el templete que cobija la campana del reloj del Ayuntamiento por decisión del Pleno municipal del día 9 de agosto de 1974. AMB. Leg. 22. Vino a reemplazar al pregonero tradicional de Beas y fue toda una novedad en el pueblo para anunciar noticias municipales y acontecimientos sociales, no en vano el altavoz sirvió de portada al nº 2 de la revista Diálogo, como antes hemos visto, un reflejo de su popularidad.

[9] Los dibujos de este animador gráfico también habían servido un año antes para ilustrar una publicación sobre la Constitución destinada a los escolares.

[10] Las votaciones en jornada laboral habían sido una tónica habitual durante la dictadura del General Franco. Con esta fórmula el régimen franquista pretendía mejorar la participación de los electores en los procesos, la cual no era muy significativa y, de este modo, tratar de legitimar la organización de las elecciones. La fórmula se siguió manteniendo en los primeros años de la transición política.

[11] El aro de plástico duro y de colores llamativos que hacía estragos entre los más pequeños en nuestro país por aquellos años de finales de la década de 1970-80.

[12] La abeja Maya fue una serie de dibujos animados para televisión producida por la compañía japonesa Nippon Animation Company en 1975, y recreaba las aventuras de una abeja llamada Maya, estaba basada en el libro del escritor alemán Waldemar Bonsels, publicado en 1912. Fue emitida por TVE en estos años.

[13] Las tesis de Felipe González serían aprobadas en el seno del partido unos meses después de celebrarse las elecciones municipales, en el 28 Congreso Federal que tuvo lugar en mayo de 1979.

[14] Manolo Muniz y Joaquín Mora no obtuvieron acta de concejal en estas elecciones, si bien en los años venideros protagonizarán parte de la vida política local, al obtener ambos sillón de edil en el ayuntamiento beasino, aunque por caminos diferentes, uno como líder de Alianza Popular-Partido Popular y otro como representante del Centro Democrático y Social

[15] Recordemos que hasta 1977 ningún partido político en España, a excepción de la Falange, era legal. El Partido Comunista fue el último en ser legalizado después de la aprobación en referéndum de la Ley para la Reforma Política que abría el camino a la democracia en España.

[16] Manuel Ruiz Bando ya había ocupado acta de concejal en el ayuntamiento de Beas durante el franquismo, fue elegido entonces en el tercio correspondiente a entidades o personas de prestigio para ocupar este cargo entre 1963 y 1966. AMB. Leg. 747 y 748.

[17] La construcción del Polideportivo Municipal fue aprobada por el Pleno Municipal el día 3 de octubre de 1974. Las obras del recinto deportivo tardarán más de una década en ser concluidas, hasta 1984 no finalizaron. AMB. Leg. 22 y 212.

[18] Estas eran las cifras del presupuesto municipal del ayuntamiento de Beas para el ejercicio de 1978-79, presupuesto que fue prorrogado por el nuevo gobierno municipal para el ejercicio 1979-80.

[19] En este sentido tal vez se actuó, desde el punto de vista de quien escribe, con cierta premura, no haciéndose un estudio histórico del nombre de las calles, que hubiese posibilitado la recuperación de los nombres tradicionales del viario público que aún sigue presentes en el imaginario colectivo de los habitantes del municipio, con nombres como Huertas, Labradores, La Fuente, El Llano, Cabezo Grande, Carnerete, etc. Sólo algunos de estos nombres fueron recuperados, como fue el caso, por ejemplo, de la calle San Sebastián.

[20] AMB. Leg. 22

LA ERMITA DE CLARINES. UNA APROXIMACIÓN A SU HISTORIA.

Uno de los espacios más significativos de mi pueblo es un pequeño santuario situado a unos tres kilómetros del mismo, donde se venera, como en otros muchos puntos de la Baja Andalucía, la imagen de una Virgen, llamada de los Clarines. Hoy quiero daros a conocer un poco la historia de construcción de esta pequeña ermita.

La actual ermita en la que se venera a Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines presenta dos claros periodos constructivos. De un lado el siglo XVIII, momento en el que se realizan las obras del Presbiterio y Camarín de la Virgen, y, de otro, la segunda mitad del siglo XX, a partir del año 1957 y, especialmente, entre 1969 y 2003, cuando se edifican las restantes dependencias: capilla del Señor de Clarines, nave, sacristía, espadaña, museo, archivo, casa de la ermitaña, capilla votiva y demás compartimentos anexos al santuario.

La primitiva ermita de Clarines se edificó en la Baja Edad Media. Los primeros datos documentados que se conocen del santuario datan de fines de dicha centuria, el año 1397, cuando el conde de Niebla, Juan Alonso de Guzmán, deja en su testamento una donación para el santuario de Clarines. Este documento nos indica que ya en el siglo XIV existían en este lugar un santuario dedicado al culto de la Virgen, bajo la advocación “De los Clarines”. De aquel oratorio, posiblemente no nos quede ningún resto en la actualidad. Tal vez, pudieron corresponder a estos primeros momentos constructivos algunos de los restos materiales que hoy son visibles en los contrafuertes que sostienen las cúpulas del presbiterio y de la capilla de la Virgen, en el ala sur del templo, junto a su cabecera.

Aquella primitiva ermita pronto adquirió renombre en la comarca, y gracias a ello fue engrandeciéndose. En los siglos XVI y XVII, gracias a los inventarios que se conocen de la misma, nos podemos hacer una idea de cómo sería: se nos presenta como una sencilla construcción de una nave, con tres celdas en el ala de la epístola y sacristía a la derecha del Altar Mayor.

El santuario fue ampliamente remozado en el siglo XVIII por mandato de Alonso Blanco Villarrasa, Hermano Mayor que fue de la Hermandad, realizándose en el año 1739 el camarín de la Virgen, así como un retablo de madera dorada, que servía de marco al mismo. Colocándose igualmente en esa fecha la magnífica reja de hierro forjado que cubre el óculo situado en la pared trasera de la capilla de la Virgen.

Es muy probable que unos años más tarde el santuario hubiese de ser remodelado, a consecuencia del seísmo que azotó al sudoeste de la península Ibérica el día 1 de noviembre de 1755, el conocido como terremoto de Lisboa, que tantos estragos produjo en la geografía onubense. A raíz de las obras emprendidas con posterioridad a esta fecha, la ermita se ve ampliada. Un inventario del año 1790 nos la presenta como una construcción de una sola nave, con camarín y cinco celdas o cuartos, situados en la nave de la epístola. Igualmente, la información histórica indica que la ermita contaba con un alpende o pórtico de acceso, así como con un campanario de reciente construcción.

Aquella ermita renovada a finales del siglo XVIII conocerá momentos de declive hasta llegar a su abandono en el siglo XIX. La guerra de independencia, las desamortizaciones de los gobiernos liberales y las epidemias de cólera que afectaron a la comarca en el primer tercio del siglo y que la convirtieron en un lazareto fueron las causas de este abandono. La imágenes sagradas fueron trasladas hasta Beas y el santuario fue prácticamente abandonado durante largos años. Sólo a finales del siglo conocerá un nuevo periodo de prosperidad que posibilitará su recuperación y vuelta al culto.

Para entonces la ermita presentaba básicamente el aspecto con el que se conoció hasta 1969. Es decir, camarín, presbiterio, nave de oración, casa de ermitaño y una serie de celdas o cuartos anexos a la misma, especialmente en su fachada norte. A la misma se accedía por un espacio porticado con arcos de medio punto, el principal, que comunicaba directamente con la entrada al espacio sagrado más elevado que los otros cuatro. Sobre este arco principal se colocará hacia 1929 un azulejo cerámico con la imagen de la Virgen y un remate de cruz de cerrajería. Además de todo ello la ermita poseía una sencilla espadaña de un solo vano, rematada por una cornisa.

Esa apariencia de la ermita se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando comience a experimentar mayores cambios. El primero de ellos llegó en 1957, cuando se construye el camarín que alberga la imagen de Ntro. Padre Jesús de la Amargura. Hasta esa fecha la imagen sagrada estaba situada en una hornacina en el lado del evangelio, en el último tramo de la nave de la ermita, el más próximo al Presbiterio. En esas fechas la Hermandad que velaba por sus cultos decide construir la actual capilla-camarín, que fue inaugurada el día 7 de agosto de 1957, hace ahora cincuenta años. Pero la fecha clave que va a determinar el aspecto actual del santuario será la del día 28 de febrero de 1969. Aquella madrugada tuvo lugar otro fuerte seísmo, de 7,3º de magnitud en la escala de Ritcher, en el sudoeste de la península Ibérica. La ermita de Clarines, como otros edificios religiosos del sur de la provincia de Huelva quedó seriamente afectada por el movimiento sísmico, y de cuyos efectos existen algunos testimonios gráficos, recogidos por el fotógrafo Flores, el gran cronista gráfico de nuestro pueblo durante casi 50 años, entre las de 1940 y 1980. Al día siguiente del suceso, realizó algunas fotografías de la ermita en la que pueden apreciarse lo daños que el movimiento sísmico produjo en la misma, especialmente en la nave, el porche de acceso y las cúpulas que remataban el presbiterio y camarín de la Virgen.

A raíz de este suceso la Junta de Gobierno de la Hermandad decide emprender la reforma de la ermita, la cual solo conservará de su etapa anterior el presbiterio y el camarín de la Virgen, ambos bastante reformados, y la capilla del Señor Clarines, siendo el resto del santuario ampliamente remodelado, muchos de cuyos elementos se realizan de nuevo. La ermita, que cambió radicalmente su aspecto anterior, va a ser una construcción marcada por la funcionalidad, sin apenas motivos decorativos, apostándose en su ejecución por elementos modernos y funcionales. Así se eliminó la teja árabe de su cubierta para dar paso a elementos metálicos y fibrocemento, igualmente la cubierta interior de madera fue eliminada en beneficio de los falsos techos de escayola prefabricada. La única permisividad que la Junta de Gobierno dio a la ornamentación del recinto fue en el campanario, creándose una nueva espadaña de perfil mixtilíneo, con tres vanos para campanas y de una gran envergadura vertical, muy alejada ¡de las proporciones del campanario anterior.

Pronto el templo será sometido a nuevas reformas. En el año 1975 su nave interior es ampliamente modificada, construyéndose los tres grandes arcos carpaneles que sostienen la cubierta y que la dividen en cuatro tramos. La cubierta a dos aguas es de madera, con vigas sobre ménsulas, cintillas y tablazón. En los laterales de la nave se construyen igualmente seis arcos rehundidos de medio punto. Los óculos que aportan luz a la nave, ya realizados en el año 1970, son ahora cubiertos con vidrieras policromadas. Con esta reforma el interior del santuario pierde la frialdad de su reforma de 1970 y gana en calidad y belleza decorativa. La reforma de la nave también permite recuperar la teja en el exterior, así como los volúmenes de la cúpula del presbiterio y del camarín de la Virgen, que con anterioridad habían quedado ocultado.

En las décadas posteriores la ermita vuelve a sufrir nuevas reformas que irán variando paulatinamente su aspecto. De todas ellas la más importante se ejecuta en 1991 y afectará principalmente a su aspecto exterior. La idea de la Junta de Gobierno es acercar el santuario al aspecto que presentaba con anterioridad al año 1969. Es por ello que se decide modificar el porche o pórtico de acceso al mismo, imitando el existente antes del terremoto de aquel año. Los cinco arcos se modifican, enmarcándolos en un alfiz. Sobre el arco central se coloca un azulejo que representa la imagen de la Virgen en recuerdo del que existía allí antes de 1970. Igualmente se modifica ampliamente el campanario de la ermita, que sigue conservando sus tres vanos y perfil mixtilíneo, pero en el que ahora abundan los motivos decorativos. Así el vano central se corona por un frontón partido y una cruz de cerrajería de amplias dimensiones, entre dos jarros de cerámica blanco y azul.

Diez años después, en el año 2001, nuevas obras van a afectar al aspecto exterior del santuario, especialmente a su ala sur, la que ocupan las dependencias de la casa de la ermitaña, que es ampliamente reformada. Igualmente se eliminan algunos almacenes obsoletos que estaban adosados a la cabecera de la ermita en esta misma fachada, descubriéndose los contrafuertes que sostienen las cúpulas del presbiterio y camarín.

Junto a la cabecera de la ermita en esa fachada sur se realiza una pequeña capilla cuadrangular destinada a capilla votiva. La misma esta coronada por una sencilla cubierta de teja árabe a cuatro aguas, rematada por un castillete almenado que actúa de linterna y que recuerda los que coronan las cúpulas del santuario.

Finalmente en el año 2003, bajo la dirección de la arquitecto María José Morera Sanz, se ejecutan las últimas remodelaciones que ha sufrido el santuario y que le han otorgado su aspecto actual. Las mismas van a afectar básicamente al pórtico de acceso y a la fachada norte del santuario. El pórtico es modificado para realizar una portada en el vano central del mismo. Ese vano se enmarca por dos pilastras situadas sobre sencillo basamento con decoración geométrica y se corona por una hornacina central con movida moldura, a sus lados remate de jarrones metálicos con azucenas; en la zona central del ático remate de cruz de cerrajería y jarrones cerámicos. Además todo el espacio del porche ha sido cubierto con madera. Igualmente a la puerta de acceso al santuario también se le realiza una portada, de líneas similares a la del propio pórtico, rematada por una amplia cornisa. Todo el espacio del porche presenta ahora en su cara interior una cubierta de madera que recuerda a la realizada en el interior de la ermita en 1975.

En la fachada norte del santuario se eliminaron en 2003 las populares celdas que estaban adosadas a la ermita, para construir en dicho lugar un nuevo pórtico, con una nueva puerta de acceso a la ermita, así como diversas dependencias administrativas: museo, archivo y sala de venta de recuerdos. En la misma además se había colocado un retablo cerámico en el año 2001 alusivo a la leyenda de la aparición de la Virgen.

Para completar la descripción de la ermita sólo nos restan algunos apuntes. Por ejemplo, el camarín de la Virgen está enmarcado por un retablo que fue bendecido el día 14 de agosto de 1955, es de madera dorada con columnas y decoración vegetal de guirnaldas de hojas y frutas, jarros con flores, etcétera, que sirve de marco al camarín, el mismo fue restaurado en 1994. Este retablo vino a reemplazar a otro anterior ya muy deteriorado.

La ermita presenta también una pequeña sacristía, a la que se accede desde el presbiterio, al lado del evangelio, es de planta rectangular, comunica con el camarín de la Virgen y con el del Nazareno, así como con el Museo de Clarines.

Las cubiertas de la nave de la ermita son de teja árabe a dos aguas, mientras que las que cubren la capilla mayor y el camarín de la Virgen y del Nazareno lo hacen a cuatro aguas, disponiéndose en sus vértices superiores unos castilletes almenados, rematados por cruces de cerrajería de distintas épocas, la más interesante de estas cruces es la que corona el camarín de la Virgen, de finales del siglo XVIII.


Artículo publicado en revista "Romería de Clarines. 2007". Editada por la Hermandad de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines.

lunes, 23 de mayo de 2011

QUIERO PRESENTARTE A BEAS, MI PUEBLO.

Beas, mi pueblo, es un pequeño municipio de la provincia de Huelva, integrado por varios núcleos de población: Beas, Candón, Fuente de la Corcha, Clarines y Navahermosa, ejerciendo la capitalidad el primero de los citados, por ser el núcleo que dio origen al municipio.

Su territorio tiene una superficie aproximada de 14.600 hectáreas. Está situado en una zona intermedia en el conjunto de la provincia de Huelva, entre las tierras del Andévalo, al norte, y la Campiña, al sur, y cuyos límites con los municipios vecinos vienen marcados, a grosso modo, por una serie de elementos naturales y líneas artificiales que son las siguientes: el arroyo del Pajarrón, al norte, lo separa de Valverde del Camino; los arroyos del Castaño y de Candón, al este, lo separan de Niebla; el río Odiel, al noroeste, lo delimita con Calañas y unos límites más artificiales que discurren desde el noroeste hacia el sudeste y que marcan la frontera con Trigueros.

El punto más septentrional de su término municipal lo marca la confluencia del arroyo del Pajarrón con el río Odiel (37º 33’ 35’’ N), por el contrario el más meridional se encuentra cercano a la Pasada de Sevilla, en la Dehesa Blanco, donde la línea artificial que nos separa de Trigueros se une con el arroyo de Candón (37º 21’ 30’’N). El punto más oriental está también en el arroyo de Candón, cuando lo cruza el Cordel de Portugal, en el paraje del Cañuelo (6º 43’ 45’’ O), y, el más al oeste se encuentra en la Pasada de las Ovejas, a orillas nuevamente del río Odiel (6º 55’ 15’’ O).

El municipio de Beas, orográficamente hablando, presenta al norte las primeras estribaciones montañosas de poca altura de Sierra Morena, con una orografía ondulada, destacando entre las cumbres el Cerro de la Alcornocosa de 184 metros, la Cumbre del Águila con 189 metros, el Cabezo de la Sepultura que alcanza los 196 metros y la Estación de Venta Eligio, cima del municipio con 231 metros de altitud. En esta zona predominan los aprovechamientos forestales, destacando especialmente los campos de dehesas. En cambio en el sur del municipio los terrenos son muy aptos para la agricultura, son tierras pertenecientes a la Depresión del Guadalquivir muy buenas para los aprovechamientos agrícolas.

El principal núcleo de población del municipio es el pueblo de Beas, el que dio origen al mismo. Se encuentra asentado sobre una pequeña colina de unos 123 metros de altura, en las proximidades del arroyo de Trigueros. Respecto a su origen la hipótesis tradicionalmente sostenida por los historiadores indica que pudo deberse al cruce de dos tradicionales vías: una procedente del sur, de Trigueros, que conduce hacia las tierras del Andévalo y la Sierra y, por otro lado, una vía agropecuaria que conduce desde el Condado de Niebla hacia el oeste, hacia las tierras fronterizas de Portugal. Esta hipótesis acerca del origen del pueblo debido a un cruce de caminos ya fue sostenida en el siglo XVI por el historiador Rodrigo Caro, para quien el topónimo Beas sería una derivación de la voz latina “Veas” o “Vehas”, haciendo alusión a un lugar de paso o cruce de caminos.

En cambio, otros estudios más recientes enraízan la voz Beas con el vocablo mozárabe “Vea”, que significa vega o lugar fértil, haciendo alusión a las ricas y fértiles huertas que siempre han existido en el lugar, junto al arroyo de Trigueros.

El urbanismo original del pueblo obedeció al esquema de los pueblos camineros, es decir, fue extendiéndose siguiendo los caminos a partir de la cota más alta, la ocupada por la iglesia. La zona más antigua del pueblo es la situada entre la iglesia y el arroyo de Trigueros, con calles con un trazado más o menos serpenteante. Por el contrario, las calles situadas en la zona alta del pueblo y que con un trazado más o menos rectilíneo confluyen en la plaza nacieron con posterioridad, entre los siglos XVI y XIX.

Pero el gran desarrollo urbanístico llegará con el siglo XX, cuando en las primeras décadas surgen nuevas calles como Colón, Andalucía, Fontanilla, Cruz Verde y Rábida, y con el transcurso de los años, poco a poco, otras zonas irán siendo absorbidas por la expansión urbanística: Huerta Nueva, Cortinal de Dios, Las Camachas, los Cabezos Grande y Chico y El Morejón. Hoy día la principal zona de expansión urbana la constituye la denominada Vereda Alta, en la que han sido instalados muchos de los nuevos equipamientos municipales: polideportivo, parque y centros de enseñanza.

Los otros núcleos importantes de población del municipio: Candón, Fuente de la Corcha y Navahermosa, tienen su origen en la emigración de vecinos de Valverde del Camino, que dejaron su tierra de orígen buscando nuevas y mejores posibilidades de vida. Centenares de colonos valverdeños, labradores y ganaderos, se fueron estableciendo, desde al menos el siglo XVI en los Baldíos de Beas y Niebla, ocupando y sembrando las tierras, pastando sus ganados y creando posteriormente pequeños núcleos de población que darían lugar a las actuales aldeas. Nacieron así estos tres pueblos en el término municipal de Beas y cuatro más en el de Niebla: La Peñuela, Raboconejo, Caballón y Lavapiés.

Candón
es la aldea más grande y poblada de todas, también la más alejada de su origen, Valverde del Camino. Se asienta a orillas del arroyo que le dio nombre, a medio camino entre Beas y Niebla. La distribución del caserío es un tanto anárquica, parte de una gran plaza central en donde está la iglesia, para ir extendiéndose en amplias manzanas ocupadas por las casas y dependencias agrícolas y ganaderas, que dejan calles de trazados sinuosos y serpenteantes. Su caserío data al menos del siglo XVIII.

Navahermosa,
asentada en un frondoso valle rodeado de ricas huertas de frutales, está conformada por dos calles conocidas como Barrio Alto y Bajo. Está situada al nordeste del término municipal en las cercanías del Barranco de Pedro López. Al igual que Candón ya existían casas en esta aldea en el siglo XVIII. Su nombre, como todos podemos comprobar hace alusión a la hermosura del valle en el que se asienta.

Fuente de la Corcha,
que está situada en un amplio y extenso valle con pequeñas colinas al noroeste del municipio, está formada por una calle central sobre la que se abren cuatro o seis transversales. Parece ser que comenzó a configurarse como núcleo urbano en el siglo XIX, cuando hacia 1880 se construyen las primeras casas de la aldea. Su nombre parece que deriva de una fuente existente en este paraje que era conocida como Fuente del Corcho, porque en sus aguas siempre flotaba un cucharón de este material, y era el lugar en el que pernoctaban los arrieros que desde la costa se dirigían hacia el interior de la provincia con sus mercaderías para comercializarlas en las tierras del Andévalo y Minas.

En cuanto a Clarines, situado a corta distancia de Beas, en la carretera que conduce hacia Candón y Niebla, su urbanización comenzó a surgir como población estable a comienzos de los años 50 del pasado siglo XX, al amparo del Santuario de Ntra. Sra. de los Clarines, patrona del lugar, acelerándose su urbanización a partir de los años 70. En la actualidad está conformado por un gran llano central situado alrededor del santuario, del que parten una serie de calles de trazado más o menos recto. La mayoría de estas viviendas tienen un uso relacionado con el ocio y el esparcimiento, en especial durante la celebración de las fiestas en honor de la Virgen, en agosto, el resto del año suelen ser utilizadas los fines de semana.