miércoles, 17 de agosto de 2011

FIESTAS DE SAN BARTOLOMÉ 2011.



Este es el programa oficial de las Fiestas en honor de San Bartolomé, 2011, el cual ha sido remitido desde el Ilmo. Ayuntamiento de Beas. La principal novedad del mismo, además de contar con un menor número de días de fiestas -del 23 al 27 de agosto-, es que las vaquillas sólo se lidiarán por la tarde, suprimiéndose, por tanto, el encierro del mediodía y la lídia de la vaquilla del aguardiente.

¿Quieres opinar sobre estas novedades?, puedes hacerlo desde esta entrada del blog. También te recordamos que en la página "Beas a debate", ya iniciamos un foro de opinión sobre posibles cambios en estas fiestas patronales.

Feliz Feria y Capeas 2011.



YA SOMOS + DE 2000

El pasado día 13 de agosto, superamos la barrera de las 2000 personas que han consultado el blog "Beas, mi pueblo".

Este es el ranking de consultas por lugar de origen del usuario.

España. 1971.
Estados Unidos de América. 46.
Reino Unido. 14
Alemania. 9.
México. 8.
Argentina. 4.
Bolivia. 4.
Colombia. 4.
Perú. 4.
Ecuador. 3.
Venezuela. 2

Otros países desde los cuales han consultado el blog son: Honduras, Chile, Italia, Serbia y Ucrania.

Por páginas, las más consultadas en el blog han sido las siguientes:

.- Página principal.
.- Beas en blanco y negro.
.- Las calles de Beas.
.- Conoces Beas.

Por artículos, los más consultados han sido:

.- Beas y las elecciones municipales de 1979.
.- Quiero presentarte a mi pueblo, Beas.
.- Las elecciones municipales en Beas. 2011.


Gracias por vuestro apoyo y animaros a participar.





















viernes, 5 de agosto de 2011

LA ROMERÍA DE CLARINES. IMÁGENES DE LOS ORÍGENES



Ahora que el pueblo de Beas, mi pueblo, vive de lleno la romería de Clarines, he querido publicar estas imágenes para recordar como eran estas fiestas unas décadas atrás, hace aproximadamente 80 años.

Estas imágenes y el artículo publicado hace unos días os ayudarán a conocer cómo empezó esta celebración mariana en nuestro pueblo.




lunes, 1 de agosto de 2011

LA ROMERÍA DE CLARINES. ORÍGENES Y CONTEXTUALIZACIÓN.

Desde estas mismas páginas de la revista de Clarines, el pasado año narrábamos el inicio de la actual romería en honor de la Virgen, indicando que, con toda probabilidad, la misma comenzó a celebrarse en 1930. En los últimos números de esta publicación hemos ido relatando los cambios que en los cultos en honor de la Virgen de los Clarines se habían ido produciendo desde finales del siglo XIX, los cuales tendrán su momento culminante en el nacimiento de la nueva estructura de la fiesta, con una romería en honor de la Virgen, celebrada durante tres días, 14, 15 y 16 de agosto.

En muchas ocasiones nos hemos interrogando sobre las razones que determinaron el surgimiento de esta nueva celebración en esta fecha concreta, en este momento histórico del siglo XX, caracterizado por las grandes transformaciones sociales y políticas que estaba viviendo nuestro país, en el tránsito entre dos sistemas políticos: monarquía y república.


Los nuevos cultos en honor de la Virgen de los Clarines:

Una reacción de la feligresía beasina a la secularización creciente de la sociedad.

La sociedad española venía viviendo un periodo de secularización progresiva desde el siglo XIX, acentuado en las primeras décadas del siglo XX. Oficialmente, y así lo establecía la Constitución promulgada en 1876, España se definía como un estado confesional católico, pero muchos políticos liberales, así como grandes sectores de la intelectualidad y el mundo obrero, en pleno proceso de organización, intentaban limitar el inmenso poder que la Iglesia católica venía ejerciendo secularmente en la sociedad y en la política española. Sirva sólo un dato para comprender esta influencia: el número de miembros del clero a comienzos del siglo XX era de 65.000 personas. La Iglesia católica como institución estaba muy cerrada en si misma en medio de una sociedad en pleno proceso de cambios, cada vez más secularizada. La influencia del clero aquí, como en otros puntos de España, era cada vez menor en la población, disminuía progresivamente.

Un claro exponente de la secularización progresiva de la sociedad beasina será la clausura de muchos de los espacios de culto existentes en nuestro pueblo. Desde casi un siglo antes del nacimiento de la romería, desde el primer tercio del siglo XIX, Beas ha ido conociendo cómo se iban cerrando la mayoría de ermitas rurales del municipio por causas bien diferentes, un proceso que afectó al propio santuario de Clarines que, como ya se ha narrado en otros capítulos de esta historia, se había convertido en un lazareto en la primera mitad del siglo XIX y, posteriormente, había sido abandonado, siendo utilizado, incluso, como zahúrda. Algunos de estos lugares de culto pudieron recuperarse posteriormente, como sucedió con Clarines en las últimas décadas del siglo XIX, pero otros, finalmente, cayeron en el olvido, por ejemplo, la ermita de Los Remedios y El Calvario, situados ambos a las afueras del pueblo en el camino de Clarines, o la ermita de San Sebastián, ubicada también en este entorno, que se adaptará para convertirse en la capilla del cementerio de la localidad.

Algo parecido había sucedido en el espacio urbano, donde los beasinos conocerán el cierre de los hospitales de caridad con los que contaba la población, los de San Bartolomé y Santa María de Gracia, y junto a ellos, las capillas donde habían recibido culto algunas de las imágenes con mayor devoción en la población en siglos pasados, como el Cristo de la Sangre, Santa María de Gracia o Ntra. Sra. de la Soledad, por citar algunos ejemplos.

Pero, además, internamente, la propia parroquia, está viviendo en estos años una readaptación de sus propios espacios de culto, que van a reflejar en cierto modo la reacción de la Iglesia a la transformación de la sociedad, al revisar esta parte de su doctrina, y potenciar metafóricamente nuevos cultos a través de imágenes sagradas que hasta entonces contaban con poca devoción entre la población. Surgen así nuevas devociones, auspiciadas desde los centros de poder religiosos y políticos del Estado, respaldadas por los párrocos locales, devociones ajenas a las tradicionales, sin arraigo popular, que pronto tendrán cabida en la vieja iglesia parroquial, construyéndose capillas e instalando nuevos retablos para sus cultos en los espacios del templo parroquial, los cuales terminarán desplazando a otras más tradicionales que quedarán relegadas a un segundo plano, como Santa Ana, la Virgen de la Soledad, el Cristo de los Remedios, San Sebastián o San Roque, por poner solo algunos ejemplos.

Estas nuevas imágenes de culto serán, entre otras, el Corazón de Jesús, que cobra auge en la segunda mitad del siglo XIX y, especialmente, desde la consagración oficial de España a esta advocación por Alfonso XIII en 1919, al inaugurarse un monumento dedicado al mismo en el Cerro de los Ángeles, en Getafe; igual sucede con la Virgen de Fátima a partir de 1917 tras su aparición en Cova da Iria, cuya devoción se extenderá rápidamente por toda España, y asociada a la misma la devoción al Corazón de María; en igual sentido hay que entender la extensión del culto a San José, al proclamarlo el pontífice Pío IX patrono de la Iglesia universal en 1870.

En medio de este periodo de cambios sociales y políticos, a los que la Iglesia trata de hacer frente, es cuando surge una nueva forma de rendir culto a una de las advocaciones más tradicionales de la población, la Virgen de los Clarines, mediante la creación de una romería, como recurso externo para potenciar los cultos en honor de la imagen sagrada. Recordemos que estos cultos en honor de la Virgen habían vivido un periodo de relanzamiento desde, al menos, el año 1912, cuando un grupo de feligresas, que gozaban de una buena y cómoda posición social y económica en la población, entre las que se encontraban Ana María Sayago, Ramona Sayago y Gertrudis Ramírez, se hacen cargo de los mismos y los potencian con el apoyo y respaldo del párroco local, Francisco Jiménez Hidalgo y las autoridades municipales, que están encabezadas estos años por alcaldes directamente emparentados con estas feligresas, como eran los casos de Diego Sayago Bando, Martín Sayago Sayago o Manuel Beltrán Sayago, entre otros. Por tanto, como sucederá a nivel estatal, aquí, en nuestro ámbito local, el poder político, controlado por los vecinos con mayor poder económico en la población, y las autoridades eclesiásticas van a jugar una alianza de intereses que será determinante en estas nuevas formas de culto popular en honor de la Virgen de los Clarines.

La adaptación a los tiempos modernos:

Una nueva romería a imitación de El Rocío.

El Rocío, en medio de este proceso de cambios sociales y políticos, se convirtió a principios del siglo XX en un fenómeno de masas que va a tener una gran repercusión mediática en la Baja Andalucía y gran parte del estado español. La prensa del momento, especialmente la de carácter gráfico, va a difundir enormemente las fiestas en honor de la patrona de Almonte. El punto culminante de este proceso difusor será la coronación canónica de la imagen de la Virgen el domingo de Pentecostés de 1919, día 8 de junio, por el Cardenal Almaraz y Santos, arzobispo de Sevilla, hecho que representará la transformación moderna de El Rocío, según han analizado los múltiples autores que se han ocupado de este tema. Este impulso dado a los cultos en honor de la Virgen de El Rocío, tiene que ser entendido, una vez más, en el contexto social y político español, y la respuesta de la jerarquía eclesiástica a la creciente secularización de la sociedad andaluza.


Casi una década después de celebrarse la coronación de la Virgen de El Rocío, en 1928, el vecino pueblo de Trigueros, cuyo caserío y parroquia pueden contemplarse perfectamente desde la explanada del santuario de Clarines, funda una hermandad filial que comenzará a peregrinar hacia la aldea marismeña de El Rocío. Se produce aquí un cambio sustancial entre los vecinos de Trigueros que tradicionalmente habían acudido hasta Clarines para prestar veneración a la imagen de la Virgen, como lo testimonian las fuentes documentales desde al menos el siglo XVI. Esta devoción secular de los triguereños por la patrona beasina se seguía manteniendo en el siglo XX, como se ha puesto de manifiesto en las crónicas periodísticas que narraban las fiestas en honor de la Virgen de los Clarines en las primeras décadas del siglo, a las que nos hemos referido en números pasados de esta revista, en las cuales se evidenciaba la presencia de muchos vecinos de Trigueros en la procesión de la Virgen el día 15 de agosto en las calles de Beas, pero, indudablemente, esa atracción iba en claro declive.

Clarines, centro de peregrinación importante de origen medieval en el antiguo condado de Niebla, ha dejado de tener ahora el significativo protagonismo con el contó en el pasado. Otras ermitas, en cambio, como el de El Rocío, se han adaptado a los nuevos tiempos, han pasado a ser centros de peregrinación modernos, similares a otros santuarios europeos que empiezan a ser muy conocidos, alejados de los parámetros medievales, como Lourdes o Fátima. Ahora bien, El Rocío aún se circunscribe a un área eminentemente local y comarcal, pero en claro proceso de expansión, cuyo reflejo más evidente será el del esparcimiento de hermandades filiales que van naciendo en puntos cada vez más alejados del santuario, como es el caso de la de nuestro vecino pueblo de Trigueros.

Las responsables de los cultos en honor de la Virgen de los Clarines, que venían haciendo grandes esfuerzos por mejorarlos, no son ajenas a la necesidad de introducir cambios en los mismos para potenciarlos y adaptarlos a los nuevos tiempos. Ellas, además, conocen de primera fuente la rápida expansión que está viviendo el culto a la Virgen de El Rocío y su influencia en la comarca del viejo Condado de Niebla. Los medios de comunicación provinciales: La Provincia o el Diario de Huelva, así como la edición sevillana del periódico ABC y, especialmente, la revista gráfica Blanco y Negro, van a contribuir enormemente a esta propagación de la romería almonteña. Estas feligresas, dada su elevada posición social y económica, son habituales lectoras de estos medios de comunicación y, por tanto, conocedoras directas de estos acontecimientos marianos, los cuales, aunque parezca en cierta manera contradictorio, van contando con mayor respaldo popular, a pesar de la transformación de la realidad social cada vez más secularizada. Ello quizás sea debido a que en sus rituales festivos priman cada vez más los elementos de culto externos, que son más participativos y están más alejados de los actos estrictamente religiosos, más propios del interior de los templos, y, por tanto, más directamente controlados por la jerarquía eclesiástica. Estas personas son conscientes de que determinados elementos visuales y sonoros de la romería de El Rocío, ligados al culto externo, como caballos, cante y bailes por sevillanas, casetas y carros engalanados, cocina y gastronomía andaluza, o el atuendo típico andaluz con toda su riqueza, gozan del respaldo popular.

Precisamente la imagen que se tenía de la romería de El Rocío en los medios gráficos de comunicación de principios del siglo XX, será la imagen de una España exótica y folklórica, donde las élites sociales tratan de reafirmarse y relacionarse, convirtiéndose en los verdaderos protagonistas de la fiesta, mientras las clases populares, que aceptan estas formas de expresión a medio camino entre religión y folklore, aparecen como meros espectadores, participantes más pasivos de la misma.

Por tanto, aquí, en Beas, las responsables de los cultos en honor de la Virgen de los Clarines van a ser conscientes de la necesidad de un cambio en las estructuras festivas tradicionales en honor de la sagrada imagen. Un cambio que contribuya a su relanzamiento y la posicione en los tiempos modernos, cambio que, por otra parte, también evitará lo que estaba sucediéndole a otras imágenes devocionales de Beas, que habían quedado relegadas a un segundo plano en estos últimos años, o sencillamente habían quedado en el olvido. Así es como se decide crear la nueva romería, una romería local que se va a mirar en el espejo de El Rocío, que contará con el apoyo de la Iglesia, a través de su párroco, y de las autoridades locales municipales que van a contribuir a su desarrollo mediante la concesión de subvenciones.

Los elementos que van a estar presentes en la nueva romería serán prácticamente idénticos a los que encontramos en El Rocío: peregrinación en hermandad y presentación ante la Virgen en el primer día de celebración, el 14 de agosto; conmemoración de la festividad litúrgica de la Virgen el día de su onomástica, el 15 de agosto, Asunción de la Virgen, con solemne eucaristía y procesión; y, finalmente, regreso de los romeros al pueblo, al día siguiente, el 16 de agosto. En el esquema se siguen las abundantes descripciones que proliferan en esos momentos en los relatos sobre El Rocío, y muy especialmente se imita el modelo gráfico que tanta difusión va a tener en los medios de comunicación.


Precisamente, para potenciar y relanzar la nueva estructura festiva que se ha gestado, se van a publicar fotos y artículos periodísticos sobre la misma en muchos de los periódicos antes citados, como una manera de darla a conocer en el ámbito provincial y regional, e incluso a nivel nacional, para lo cual se publican imágenes en la prestigiosa revista Blanco y Negro. Gracias a esta labor de difusión de la fiesta hoy conocemos muchas imágenes de aquellas primeras romerías. En estas primeras instantáneas se aprecia claramente, además de la estructura de desarrollo de la fiesta, la división de la sociedad beasina. Por un momento todos parecen compartir la misma diversión, el mismo escenario, la misma fiesta, pero, sin olvidar en todo momento el papel que a cada uno asume en la misma. Aunque se aprecie un aparente espíritu de amistad y comunión, unos son actores, viven y protagonizan la fiesta, y otros son meros espectadores, que se dejan llevar, deslumbrados por el espectáculo. Muchos de los participantes, los de mayor posición social y económica, quienes habían sido precisamente sus gestores, se sienten sujetos activos de la misma: visten elegantes trajes de franela y sombrero de ala ancha, o lucen bonitos trajes de faralaes adecuados para el momento, se desplazan a caballo por la calle como protagonistas del espectáculo, o posan en el centro de las instantáneas tomadas antes la casetas. En cambio, otras personas solo gozan visualmente del espectáculo, aparecen en los laterales de la plaza, en las aceras, o en los márgenes de las instantáneas tomadas en las chozos: sus vestidos, más pobres, indican que no se han engalanado para el momento, e incluso, en algunos de ellos destaca la ausencia de calzado. Además se observan otros rasgos de la rigidez social del momento, la de la moral: muchas mujeres se sitúan en un segundo plano a la salida de la Virgen, ataviadas de negro, el color simbólico de un luto que, para el caso de la mujer, podía ser eterno. La rigidez social imponía esta forma dolosa de manifestar el duelo, la mujer quedaba prácticamente marcada de por vida por la muerte de un ser querido.

Lo que si es cierto es que, al menos, durante toda la celebración de la romería, durante estos tres días, las estructuras sociales del día a día, las que se imponen en el marco de convivencia en el pueblo, parecen quedar temporalmente suspendidas o relajadas. Gracias a la celebración se puede soñar con un cambio social y económico que en aquellos momentos difíciles de la historia de España –recordemos que la romería nace en el tránsito entre monarquía y república en España- muchos deseaban y otros parecían no querer abordar. Tensiones sociales que van a estallar plenamente unos años después, y que repercutirán en el desarrollo de la recién creada romería, cuestión que en otro capítulo trataremos de analizar.