domingo, 22 de abril de 2012

TERCER CENTENARIO VENIDA SANTA MARÍA DE ESPAÑA. LA PEREGRINACIÓN

Durante los días 20 y 21 de abril, la Hermandad de Santa María de España, con sede canónica en la Parroquia de San Bartolomé de Beas, ha realizado el traslado extraordinario de su Sagrada Titular desde su ermita en Sotiel Coronada, a orillas del Río Odiel, hasta Beas, pasando por Valverde del Camino.
He aquí una selección gráfica de algunas imágenes del evento.
















martes, 17 de abril de 2012

LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO DE BEAS


La pasada semana despertó gran interés entre muchos beasinos, una serie de comentarios realizados a través de Facebook, relativos a la conservación del patrimonio monumental de Beas, especialmente del edificio que alberga la parroquia de San Bartolomé, sin lugar a dudas el principal monumento histórico de  nuestro pueblo. Yo tuve la oportunidad de opinar en el mismo, indicando que en, esta semana, expresaría, de modo más explícito, cual es mi postura sobre el tema.

En el mes de enero pasado hice llegar al responsable de la Conservación del Patrimonio de la Diócesis de Huelva, la comunicación que inserto a continuación. No he recibido respuesta a la misma. 

En los próximos días seguiré haciendo una serie de reflexiones desde mi blog personal sobre este tema.

Gracias a todos los que se interesen por esta cuestión y, como siempre, os invito a participar, desde el respeto, para que indiquéis las opiniones que estiméis oportunas.

He aqui, mi primera aportación, el contenido de aquella misiva dirigida a la Diócesis de Huelva.


Estimado Sr. Terriza,


Mi nombre es Diego Lorenzo Becerril Pérez, vecino de Beas, con domicilio en calle ... DNI .... Licenciado en Geografía e Historia y Master en Archivística por la Universidad de Sevilla.

Por mi formación académica e inquietudes personales, he colaborado en múltiples ocasiones con iniciativas relacionadas con el patrimonio local, entre ellas la Comisión que en su momento, años 1995-99, se constituyó para llevar a cabo la restauración de la torre de la Parroquia de San Bartolomé de Beas, a instancias de quien por entonces era su párroco, Teodoro Bernal Serradilla.

Le escribo esta comunicación para manifestarle mi preocupación por los trabajos de mantenimiento y/o reparación que últimamente se están realizando, precisamente, en el templo parroquial de San Bartolomé, principal monumento de nuestra población.

En el mes de octubre pasado, del año 2011, se realizaron una serie de obras en el paramento exterior del templo que afectaron, entre otros elementos, a las dos puertas de acceso al mismo.

Especial incidencia tuvieron estos “arreglos” o “mejoras” en la portada mudéjar de la nave de la epístola, que usted bien conoce como estudioso del patrimonio de la diócesis.  En aquella actuación, los criterios de actuación en el inmueble no tuvieron en cuenta los materiales con los cuales está realizada la portada, empleándose en su supuesta mejora técnicas agresivas, o poco acordes, con lo que debe ser la restauración de un bien que forma parte del patrimonio cultural de la parroquia. Los elementos más afectados en esta actuación fueron las jambas, realizadas, como es tradicional en los templos mudéjares sevillanos, en ladrillo. En su reparación se han empleado materiales más modernos que nadan tienen en común con los originales. En virtud de los resultados de estos arreglos no resulta nada lógico entender que no se ha procedido a actuar en la portada con los mínimos criterios que la conservación de patrimonio hace necesario.

Aunque es cierto que el templo parroquial no goza del reconocimiento jurídico de Bien de Interés Cultural, no es menos cierto que, dado su carácter monumental, tiene la protección propia del derecho eclesiástico, y de las Normas Subsidiarias dictadas por el Ayuntamiento de Beas.

Como comprenderá, este que suscribe entiende que cualquier actuación en el inmueble debería contar con los preceptivos informes y estudios aplicados a un monumento, y ser refrendadas por las correspondientes licencias dictadas por las autoridades competentes en la materia.

Aquellas obras también afectaron a la Puerta de la Sombra, la que abre en el lado del evangelio, de factura tardobarroca, donde se actuó, igualmente, sin cumplir con los requisitos que, a mi modesto entender, establece la legislación vigente.

Ahora, en el entorno parroquial se habla de proceder a una nueva actuación en la portada dieciochesca del templo, la de la sombra, la de la nave del evangelio, sin que la misma vuelva a contar con los informes y licencias preliminares, lo cual me parece preocupante, pues, en vista de lo anteriormente acontecido, se actuará sin los más mínimos criterios de respeto y conservación del patrimonio monumental.

El objetivo de esta comunicación no es otro que expresarle, como persona sensible con el patrimonio y responsable de este en la diócesis de Huelva, mi preocupación por estas actuaciones carentes de los mínimos criterios que deben barajarse en este tipo de intervenciones. Si continuamos con estos procedimientos las palabras de Amador de los Ríos, pronunciadas al referirse a la descripción del templo, calificando su fábrica de “adulterada” con el lapso del tiempo, seguirán estando vigente más de cien años después.


Beas, a 31 de enero de 2012.



Reciba un cordial saludo.




Fdo: Diego Lorenzo Becerril Pérez.


SR. D. JESÚS MANUEL CARRASCO TERRIZA.
SECRETARIO CANCILLER DEL OBISPADO DE HUELVA.
DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE PATRIMONIO CULTURAL DE LA DIÓCESIS DE HUELVA.

sábado, 14 de abril de 2012

TERCER CENTENARIO VENIDA DE SANTA MARIA DE ESPAÑA


CHARLA - CONFERENCIA.  BEAS, 13 DE ABRIL DE 2012 


Buenas noches a todos y sed bienvenidos.

Con este acto la Hermandad de Santa María de España quiere iniciar formalmente el programa que ha preparado para conmemorar el 300 aniversario de la primera venida de la Virgen hasta nuestro pueblo, hasta Beas.


Antes de entrar de lleno en el tema que nos reúne a todos aquí, si me vais a permitir hacer una pequeña reflexión como preámbulo de este acto: Hay pueblos que parecen no tener historia, historia entendida como memoria colectiva, ya sea porque son pueblos de humildes orígenes, como puede ser el caso del nuestro, o porque los historiadores, que en teoría debemos ser los encargados de narrarla, no hemos podido hacerlo, sencillamente porque no hemos tenido oportunidad. No hemos encontrado el momento adecuado y los recursos necesarios para otorgarle la historia a nuestro pueblo, pero os aseguro, y creedme, que este pueblo tiene una larga historia, y muy rica, por cierto.
 
Decía Melquíades, aquel gitano alquimista de “Cien años de soledad”, que todas las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima. Y eso, quizás sea lo que le falte a nuestro pueblo, a la historia de nuestro pueblo, a su conciencia colectiva. Tal vez sea necesario un Melquíades que le despierte el alma dormida, que haga que los beasinos y beasinas puedan sentirse protagonistas de su propia historia, que sepan que existe un rico pasado común que nos une como pueblo, y que ese pasado es tan importante como el de cualquier otro pueblo.

Hoy, precisamente, se presenta una oportunidad para que recuperemos parte de nuestro pasado. Cuando desde la Hermandad de Santa María de España se me propuso narraros parte de ese pasado que compartimos en común, me sentí un poco como Melquíades, por que se me bridaba una oportunidad magnífica para despertar el ánima dormida de nuestro pueblo.

No sé si algunos de los presentes se ha preguntado alguna vez por las siguientes cuestiones: ¿qué hace un pequeño santuario dedicado a la Virgen María en un municipio, venerado por los habitantes de otro? ¿Por qué en un espacio tan resucido existen dos santuarios dedicados a María? ¿Por qué la Virgen lleva por título el nombre del país en el que vivimos, incluso desde mucho tiempo antes de que el propio país se llamase formalmente así? ¿A quién y por qué se le ocurrió traer a la Virgen hasta Beas hace trescientos años? ¿Y por qué la Virgen antes de llegar a Beas se encontraba en la parroquia de Valverde del Camino? Yo me he hecho estas preguntas, y con la charla que a continuación voy a iniciar voy a tratar de dar respuesta a algunas de ellas en esta noche.


Antes de entrar de lleno en el relato, si me gustaría haceros algunas observaciones sobre el espacio geográfico del que vamos a hablar, es decir, sobre el santuario de la Virgen de España y su entorno.
La ermita, como todos bien sabéis, está situada en una pequeña vaguada junto a la orilla derecha del río Odiel, en el término municipal de Calañas. Cuando se produjo el traslado de la Virgen en las primeras décadas del siglo XVIII, el paisaje en torno al santuario era bastante diferente al actual. No existía el bosque de pinos que hoy contemplamos, el cual debió ser una repoblación efectuada a principios del siglo XX. En este momento el paisaje que contemplaron nuestros antepasados sería un bosque de dehesas, de encinas y alcornoques y monte bajo, que precisamente era aprovechado por los vecinos de los pueblos del entorno para aprovechamientos ganaderos, madereros y cinegéticos. La explanada delantera de la ermita tampoco existía, el regajo o pequeño arroyo que en épocas de crecidas fluye junto al santuario discurría libre por delante de la ermita hasta  precipitarse en el río Odiel.

 Por otro, el histórico puente con el que se ha venido cruzando el río Odiel tampoco existía. No se va a construir hasta bien entrado el siglo XVIII, hasta 1755, muchos años después del traslado de la Virgen. Para poder llegar al santuario beasinos y valverdeños se veían obligados a vadear el río, que se hacía imposible en épocas de fuertes crecidas, como podía ser la primavera. Por ello no es de extrañar que la festividad de la Virgen tuviese lugar en pleno verano, el primer domingo de septiembre, cuando el río era más fácilmente transitable. El paso del río se hacía un poco más al sur de donde está ubicado el histórico puente.

Y una tercera cuestión, el camino que conducía a la ermita, tras sortear el río tampoco coincidía con la carretera actual. Era un camino zigzagueante, de fuerte pendiente, que tras cruzar el río subía por los cabezos situados a la espalda de la ermita y llevaba hasta Calañas. Por tanto el visitante del santuario llegaba hasta el mismo por su espalda, no por el frente como sucede en la actualidad. Además, para poder acceder al santuario de La Coronada, necesariamente se tenía que pasar previamente por el de Santa María de España. El camino nuevo, que coincide básicamente con la actual carretera se proyectará en 1777, con el objetivo de evitar la fuerte subida que el anterior presentaba tras el cruce del río.

Realizados estos apuntes para que podamos ubicarnos mejor en el tiempo y en el espacio histórico que vamos a relatar, vayamos ya de lleno a nuestra historia.


Hoy, como os decía al principio, nos disponemos a conmemorar, el trescientos aniversario de la primera venida de la imagen de Santa María de España hasta la parroquia de San Bartolomé en nuestro pueblo, Beas. Aquel hecho “tan particular como nunca visto en este lugar” como lo calificaron las fuentes documentales que nos lo narran, tuvo lugar al comienzo de la lluviosa primavera del año mil setecientos doce. Hace exactamente trescientos años y dos días.

Los responsables de la parroquia de San Bartolomé consideraron conveniente dejar testimonio de este hecho extraordinario. Y gracias a ello, hoy lo conocemos. Ellos hicieron saber a las autoridades civiles de Beas la importancia de reflejar por escrito la venida de la Virgen para perpetuar su recuerdo entre los vecinos del lugar. Los alcaldes pedáneos de Beas, así como los regidores del concejo municipal, aceptaron la propuesta de los clérigos y decretaron, mediante edicto, que se dejase constancia escrita de este hecho en los documentos municipales.El responsable de la narración sería Cristóbal Rodríguez Pimpollo, el escribano público del pueblo, la persona que por oficio estaba capacitada para dar fe del hecho acontecido. A él se le encomendó que lo narrase con especificación de todas las circunstancias que se apreciaren convenientes”, es decir, sin dejar atrás el más mínimo de los detalles.

En el análisis de los dos documentos que nos refieren el acontecimiento, ambos fechados el 11 de abril de 1712, llama la atención, en primer lugar, la referencia a la propia imagen de la Virgen, a la que se califica con el superlativo de “antiquísima”, lo cual nos evidencia que debía ser una talla realizada muchos años antes de los acontecimientos descritos. Esta talla, por cierto, se perdió doce años después de este acontecimiento, en el año 1734, cuando la ermita sufrió un incendio donde se destrozaron todos sus enseres, así como la propia estructura del edificio.

Para reforzar el carácter antiguo e histórico de la talla y de su santuario, así como de la veneración de la Virgen en el pueblo de Beas, en el cuerpo del texto documental se recoge “la tradición que de oídas… afirma que esta ermita estaba fundada mucho antes de la pérdida de España por el rey Don Rodrigo… y que este godo rey –como dice el documento-, viniendo fugitivo de Sevilla, y estando próximo a la muerte, se mandó embalsamar y depositar en un pilar de uno de lo arcos de dicha ermita”. Es decir, aparece en el tenor del documento la conocida leyenda que vincula el santuario de Santa María de España con Don Rodrigo, rey visigodo de Hispania, que fue vencido por los musulmanes en la batalla del Guadalete en el año 711, poniéndose fin al reino visigodo de Toledo.  No sabemos el conocimiento que de los hechos históricos pudieron tener los responsables de nuestra particular crónica, pero, sea como fuere, ellos decidieron incluir este relato en la misma para reforzar la antigüedad de la veneración a la Virgen en estas tierras, con la advocación de Santa María de España, situándola, incluso, antes del dominio musulmán en la península Ibérica, por tanto, antes de que este país pudiese ser así llamado, España.

Por otro lado, los documentos que estamos analizando, reflejan en su narración del traslado de la Virgen la circunstancia extraordinaria del acontecimiento, indicando expresamente que no se tenía constancia en la población de haber traído a la talla sagrada al pueblo con anterioridad, calificando el hecho como “cosa nunca vista en este dicho lugar”. Esta afirmación queda reforzada en el documento con los testimonios de los vecinos de mayor edad de la población, cuyos nombres aparecen reflejados como testigos de las circunstancias extraordinarias que se estaban viviendo, los cuales afirmaron no tener noticias por “sus mayores”, de que con anterioridad la “soberana imagen se trajera a este lugar”.

Los textos recogen igualmente la vinculación del santuario de Santa María de España, ubicado en el municipio de Calañas, con el pueblo de Beas. Se indica expresamente que “la Soberana Imagen es… propia patrona y abogada de los vecinos de este dicho lugar [Beas].  Los calificativos de patrona y abogada, hablan claramente de la veneración que los beasinos sentían por la imagen como protectora, intercesora o defensora antes sus súplicas o peticiones.

El texto indica, a continuación, que a “expensas y asistencias” de los vecinos de Beas “se venera y mantiene así dicha Soberana Imagen, como su hermita”. Afirmando que el santuario, pese a estar en la “limitación del lugar de Calañas”, y cercano a Valverde del Camino, de donde dista una legua, fue levantado con el “patrocinio, propiedad y posesión quieta y pacífica” de los vecinos de Beas, distante de allí cuatro leguas, “sin contradicción de los lugares a que está más inmediata y en cuya jurisdicción está situada dicha hermita”. Se reitera, de este modo, en el documento, la especial vinculación que el santuario y la imagen de la Virgen tenían con el pueblo de Beas y sus vecinos, justificándose en que cuando la ermita fue edificada “no estaban fundados los dichos dos lugares de Calañas y Valverde, y este de Veas sí”, una afirmación, por cierto, difícil de mantener desde el punto de vista histórico.

No tenemos datos que nos permitan conocer la relación existente entre Beas y la ermita de Santa María de España en los siglos inmediatamente anteriores al XVIII, pero tal vez haya que buscarla en la leyenda que narra la aparición de la imagen de la Virgen, en donde se indica claramente que fue encontrada por dos vecinos de nuestro pueblo en el transcurso de una cacería allá por el año 1340, siglo XIV. Esta leyenda y la posesión efectiva del santuario por los beasinos, en los años inmediatamente posteriores a la conquista castellana, es decir, en los siglos XIII y XIV, guarda, posiblemente, relación con los intentos de las autoridades municipales de Beas, de ampliar el territorio de su jurisdicción, de sus dominios, tras la conquista cristiana, más allá de la frontera natural que representaba el río Odiel, entrando en conflicto con los otros lugares que trataban de reforzar sus dominios en estas zonas de montes, pastos, y yacimientos mineros, de los que se podían obtener buenas rentas, como eran Calañas y Valverde del Camino.

Si analizamos, precisamente, las leyendas que nos narran la aparición o descubrimiento de las imágenes sagradas de Ntra. Sra. de España y de Ntra. Sra. de la Coronada, comprobaremos como existen ciertos paralelismos entre ambas, así como algunos puntos de encuentro. En ambas se nos narra el descubrimiento de dos imágenes de Santa María que habían permanecido olvidadas y que son recuperadas tras años de silencio. Los autores o protagonistas del ocultamiento de las imágenes fueron ciertos personajes vinculados a la cultura visigoda –de creencias cristianas- que con anterioridad a la etapa islámica habían establecido sus dominios en estas tierras. En el caso de Santa María de España se nos dice que fue un cazador llamado Juan Bautista Tagarete el que, junto a su hijo, en una batida por los montes situados en el entorno del río Odiel, descubre en un zarzal una cueva con un Cristo y una Virgen en su interior en el año 1340, siglo XIV, casi cien años después de la conquista de estos dominios por parte de Alfonso X de Castilla. En la cueva también aparecen junto a las imágenes, según nos dice la leyenda, unos manuscritos en los que se relataba el origen de las dos tallas sagradas. Según estos documentos un capellán real, siglos antes, concretamente en el año 390 (Siglo IV), llamado Mauro Guillermo, logró permiso del rey de Hispania para levantar en aquel lugar un santuario dedicado a la Virgen, cuya imagen se había realizado a imagen y semejanza de la reina del país, de ahí el nombre de la misma. Según la leyenda, con la invasión árabe de estas tierras (siglo VIII en adelante) el culto en la ermita debió abandonarse, quedando olvidado el santuario, debiendo ser cubierto por la maleza hasta el momento de su descubrimiento por Juan Bautista, permaneciendo aún en él o en lo que quedaba del mismo las dos imágenes encontradas por el cazador y su hijo.

La misma pauta narrativa que en el caso anterior parece repetirse, con algunos años de diferencia en la leyenda de la invención de la imagen de Ntra. Sra. de la Coronada. En este caso cuenta la tradición popular que fue el pastor Pedro Márquez el que en el año de 1520, casi doscientos años después de la aparición de la Virgen de España, encuentra la imagen de la Coronada al tratar de refugiarse de una tormenta en el propio santuario de Santa María de España. Caminando hacia el mismo notó como una laja se movía bajo sus pies, levantó una piedra y en ella halló una imagen pequeñita de la Virgen. Al igual que en el caso anterior, la imagen iba acompañada de otro manuscrito firmado por Tomasuco Andúbalo, alcaide de aquellos lugares en época visigoda, el cual la ocultó tras la invasión sarracena.

Sin valorar, desde un punto de vista científico ambas narraciones, resulta curioso comprobar como en un mismo paraje surgen o se descubren las tallas de dos imágenes de la Virgen María, separadas por algunos años de diferencia. Para nuestro ámbito geográfico cercano sólo conocemos un caso similar cual fue, según también la leyenda popular, el del pastor Alfonso Gómez que en el siglo XV encontró dos imágenes de la Virgen en el Prado de Osma, una de las cuales correspondería actualmente a la de Piedras Albas (El Almendro y Villanueva de los Castillejos) y la otra a la de Ntra. Sra de la Peña (Puebla de Guzmán). A diferencia de este caso en que ambas imágenes aparecen al mismo tiempo, para el que nos ocupa, cual es el de Santa María de España y la Coronada, las tallas aparecen con casi dos siglos de diferencia, y tal vez la respuesta que podamos encontrar guardaría relación con las disputas que los vecinos de Beas y Calañas, así como los de Valverde del Camino, mantendrían por la posesión de estos lugares, como indicábamos con anterioridad.

En este sentido si que se conocen los problemas que existieron entre las autoridades civiles y eclesiásticas de Valverde y Calañas por la propiedad de la imagen de la Virgen de La Coronada. Sabemos, por ejemplo,  que en el siglo XVIII, los valverdeños y calañeses celebraban fiestas en honor de La Coronada, en fechas distintas, los segundos, los calañeses, el último domingo de agosto, y los primeros, los vecinos de Valverde, una semana después, el primer domingo de septiembre, coincidiendo, curiosamente, con las celebraciones de los beasinos en el santuario de España. En poco tiempo, los lugareños de los tres pueblos coincidían en este espacio en sus celebraciones, no siendo de extrañar la aparición de disputas y conflictos entre ellos con ocasión de estos festejos.

La lectura de los documentos que hoy nos ocupa, deja entrever la existencia de estas disputas, al menos en el pasado. Así en el edicto que da lugar a la narración de los acontecimientos se habla de que los beasinos tenían la “propiedad y posesión quieta y pacífica” del santuario, “sin contrariedad de los lugares a que está más inmediata. Las expresiones: quieta, pacífica y sin contrariedad, sugieren, la existencia en algún momento del pasado de esos posibles conflictos entre las autoridades y vecinos de los distintos pueblos que veneraban a las imágenes.

Sea como fuere todo lo antes indicado, lo que si es cierto es que en estas fechas de comienzos del siglo XVIII, cuando tiene lugar el traslado de la sagrada imagen, la Virgen de España contaba con hermandad propia en Beas. Las primeras noticias que conocemos de la existencia de esa hermandad son del año 1708, cuatro años antes de la venida de la imagen al pueblo, cuando se nos menciona en los documentos la existencia de un libro de reglas de dicha cofradía. Se sabe igualmente que, por estos años, la hermandad celebraba anualmente fiesta en honor de su titular el primer domingo del mes de septiembre. En esa festividad tenía lugar una Misa Mayor en la ermita, a continuación de la cual se procedía a la procesión de la imagen por los alrededores del santuario. Terminados estos actos tenía lugar la renovación de los cargos de dirección de la hermandad, que estaba encabezada por el Hermano Mayor, además de cuatro mayordomos para auxiliarle en sus tareas, un secretario y un fiscal o tesorero, cargos que se renovaban anualmente. El párroco de San Bartolomé, en nuestro pueblo, era la persona que supervisaba las cuentas de la hermandad. Igualmente sabemos que el sostenimiento de la cofradía era gracias a las cuotas de los propios hermanos y a las limosnas que los fieles dejaban en el santuario.

Con anterioridad a esta fecha del año 1708, prácticamente no se conoce ningún detalle documental referido al santuario de Santa María de España o la devoción de la Virgen. A partir de este momento, las fuentes documentales son mucho más amplias. El único dato escrito del que tenemos constancia en fechas anteriores al siglo XVIII, nos ha llegado a nosotros de unos documentos conservados en el vecino pueblo de Zalamea la Real, en concreto en el Archivo Histórico de la Hermandad de San Vicente Mártir. Allí en un Libro de Reglas, hay una referencia al año 1425, siglo XV, en el que se testimonia el préstamo de un caldero al santuario de Santa María de España para preparar las carnes con ocasión de las fiestas que se celebraban en el mismo. Por tanto, sabemos que, al menos desde el primer tercio del siglo XV, existe esta ermita rural junto al río Odiel. Precisamente los primeros datos documentales que se conocen de los dos santuarios marianos que tienen vinculación con nuestro pueblo, son prácticamente de los mismos momentos. Los primeros referentes al santuario de Clarines datan del año 1397, finales del siglo XIV, y, como hemos indicado, los del santuario de España son de apenas 28 años después, principios del siglo XV.

Personalmente me inclino a pensar que el santuario de Santa María de España es más antiguo que el de Clarines. Dos cuestiones me hacen reflexionar en este sentido. En primer lugar la ubicación de la ermita de España, en una vaguada, cuando lo habitual sería que estuviese en un lugar elevado, como suele ser más común. Por otro lado la orientación del santuario, donde el lugar de culto de la Virgen, la cabecera, está orientada al oeste, mientras que la puerta de acceso lo hace hacia el este.  En la antigüedad clásica los templos estaban orientados de esta manera, de forma que los primeros rayos de sol pudiesen entrar en el mismo e iluminasen la imagen del dios situada al fondo. Las primeras iglesias cristianas mantuvieron esta tradición, pero tras el Concilio de Nicea, celebrado en el siglo IV, se estableció que fuese la cabecera, la que estuviese orientada al este, como podemos ver hoy, por ejemplo en el santuario de Clarines o en el de La Coronada.

Volvamos a nuestra cuestión, la devoción a la Virgen de España, como ha quedado dicho con anterioridad, estaba muy extendida, entre los habitantes de Valverde del Camino y Calañas a inicios del siglo XVIII. Por ello era frecuente que el ermitaño encargado del santuario se desplazase hasta estos lugares para pedir limosna para el sustento de la propia capilla. En este sentido, hay que indicar que en el  año 1734, cuando se incendió la ermita de España, el santero, Juan Alonso Delgado, se encontraba en Valverde recaudando donativos para el culto a la Virgen, prueba de que en el pueblo había gran número de devotos.

Resulta especialmente curioso en el relato de la venida de la Virgen hasta Beas un gran detalle: la imagen no llega a nuestro pueblo procedente de su ermita en Calañas, sino que lo hace desde Valverde del Camino, a cuya parroquia la habían llevado sus vecinos. La decisión de traer la imagen hasta nuestro pueblo se toma después de conocerse que con anterioridad había sido llevada hasta la parroquia de Valverde del Camino. ¿Por qué se efectuó ese traslado? ¿Es este una evidencia más del conflicto existente entre los vecinos de los pueblos que rodean al santuario por la propiedad de la imagen de la Virgen y su ermita? ¿Es esta una reacción de los valverdeños frente a la erección de una hermandad por parte de los beasinos? No conocemos datos al respecto, pues nada indica las fuentes documentales sobre ello. Lo que si se hace evidente, según la narración del escribano, es que para poder traer la Virgen hasta Beas fue necesario realizar una serie de gestiones previas con las autoridades eclesiásticas de Valverde del Camino. En el texto se nos afirma que la solicitud de traslado de la imagen“se efectuó por cartas, por parte del cabildo civil y del eclesiástico de Beas, donde jugó un importante papel el cura Antonio García “singular devoto de esta Soberana Señora”.  En el protocolo de la solemne procesión del traslado de la imagen quedan evidenciadas las negociaciones que debieron efectuarse, toda vez que se revela claramente, como veremos más adelante, el lugar donde la imagen de la Virgen sería recibida por las autoridades beasinas, y donde, nuevamente, “se les debía de volver a entregar [a los valverdeños] por los vecinos de Beas”.

Por tanto, a pesar de la existencia de una hermandad encargada de los cultos en honor de Santa María de España desde el año 1708, se evidencia que la cofradía no tenía autoridad sobre la imagen de la Virgen, trasladada a Valverde por sus vecinos, que hemos de suponer contaban con la necesaria aprobación eclesiástica del párroco del lugar, debiendo, posteriormente, las autoridades eclesiásticas y civiles de Beas solicitar el traslado ante el cura de Valverde.

Dejemos atrás estos posibles conflictos de los pueblos vecinos al santuario para centrarnos en el hecho extraordinario del traslado de la imagen de Santa María de España desde la iglesia parroquial de Ntra. Sra. del Reposo, en Valverde, hasta la parroquial de San Bartolomé, en Beas, en 1712. El suceso se anunció con gran solemnidad la víspera anterior a la venida, el domingo 10 de abril, con repiques de campanas y pregones. Según la narración de nuestro escribano, se temía que el evento quedase empañado por las continuas lluvias, propias de la primavera, que venían teniendo lugar desde hacia varias jornadas: en muchos días no habían cesado las continuas aguas hasta el dicho día diez en la noche”. El narrador hace hincapié en su relato en la coincidencia del anuncio de la venida a la Virgen mediante el tañir de campanas, y la mejoría del tiempo lluvioso de las jornadas precedentes. Los vecinos de Valverde debían llevar la imagen de la Virgen de España en la noche del día 10 de abril hasta el sitio que en el relato se nombra de El Alcornoque, “término de este lugar”. El cese de las lluvias permitió que el traslado se efectuase conforme a los planes previstos. Aquel punto geográfico debía ser el hito que marcaba físicamente la delimitación de los espacios jurisdiccionales de ambos pueblos.

Hasta allí se desplazaron en la mañana del lunes 11 de abril los vecinos de Beas, acompañados por las autoridades civiles y eclesiásticas, fueron hasta El Alcornoque, distante dos leguas del pueblo, para recibir la imagen de Santa María de España. La distancia aproximada sería de unos 8-10 kilómetros. Allí esperaron ordenadamente, a las personas que traían a la Virgen desde Valverde del Camino. El protocolo del acto fue muy cuidado por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas. En el mismo tuvieron especial protagonismo los militares, vistosamente uniformados con armas de fuego, espadas y tambores. Precisamente cuando en el horizonte se llegó “a ver la Sagrada Imagen, se dispararon las armas” como salvas o saludos de bienvenida. Del mismo modo estos mozos militares danzaron con sus espadas ante la presencia de la Virgen. Este tipo de danzas eran muy habituales en casi toda Europa desde la Edad Media. Este tipo de danzas aún permanece viva en muchos pueblos de El Andévalo y La Sierra en nuestra provincia, ligadas a muchos rituales festivos de carácter religioso.

Tras este cuidado ritual, la imagen de Santa María de España fue entregada por cuatros sacerdotes de la parroquia de Valverde del Camino a otros tantos de la parroquial de Beas, que se encargaron de recibirla. A partir de este momento se inició el camino de vuelta de los peregrinos hasta el pueblo. Cuenta la crónica que en dicho recorrido la Virgen también fue portada por otros “cuatro diputados del Cabildo secular, de los cuales fue el uno el presente escribano”, es decir, las autoridades civiles encabezadas por los alcaldes Rodrigo Tinoco y Alonso Martín Villarrasa participaron del honor de portar la sagrada imagen. Cuenta igualmente la crónica que en el transcurso de esta peregrinación “se tenía por muy dichoso el que lograba traer un poquito en sus hombros la Sagrada Imagen”. La procesión o romería llegó al pueblo “sin haber cesado los eclesiásticos de cantar, los devotos de rezar, el alarde de disparar y la danza de danzar”, entronizándose la Virgen en el templo parroquial a las cuatro de la tarde.

Desconocemos como fue la estancia de la Virgen en Beas, o cuando se produjo el regreso de la imagen a Valverde del Camino, o cuando se produjo el retorno a la ermita a orillas del río Odiel. Posiblemente para el mes de septiembre ya estuviese la talla sagrada en su santuario para celebrar su festividad anual. Lo que si parece ser cierto es que la estancia de Santa María de España en tierras beasinas debió dejar un buen recuerdo, fruto del cual, unos años después, en 1721, el cabildo civil de Beas tomó el acuerdo, reflejado en sus libros capitulares, de traer la imagen de la Virgen cada siete años hasta el pueblo, como se ha ido repitiendo hasta fechas recientes.

Ese recuerdo permanecía vivo muchos años después, de ahí que en el año 1785, es decir, casi 75 años más tarde de haberse producido, cuando el sacerdote encargado de la parroquia de San Bartolomé, Juan Pablo de Heredia, hombre ilustrado, decidió responder al cuestionario que se le remitió por parte de otro gran ilustrado, el geógrafo estatal Tomás López de Vargas Machuca, relativo a la localización de las villas, ríos, montes, caminos, costumbres, formas de gobierno, etc., de nuestro pueblo, incluyó en el mismo un traslado de los documentos capitulares que fueron redactados en 1712 con ocasión de la venida de la Virgen, señal inequívoca de que, todavía en estas fecha, se hablaba del acontecimiento en nuestro pueblo por su carácter extraordinario. La finalidad que perseguía el geógrafo no era otra que la creación de un Diccionario Geográfico-Histórico de España, obra que nunca se terminó, pero de la que se conserva buena parte de la documentación en la Biblioteca Nacional de España. Fuera ya del tema que nos ocupa, resulta curioso que en la Biblioteca Nacional de España que, precisamente, esta año de 2012 celebra su tercer centenario, se conserven un traslado de los documentos que nos relatan la venida de la Virgen de España a Beas, acontecimiento del que los beasinos celebramos igualmente sus trescientos años.

Algo más de veinticinco años después de que Juan Pablo de Heredia completase el cuestionario, es decir, cuando se cumplía el primer centenario de la venida de la Virgen, en el año 1812, poco se sabe acerca de si los beasinos seguían conservando en su memoria el suceso. Eran estos tiempos difíciles, de continuos cambios políticos en el estado español, donde acababa de redactarse su primera Constitución en el mes de marzo, que llegaba con la esperanza, de poner fin a la dura guerra vivida años atrás tras la invasión de las tropas napoleónicas en 1808 y el inicio de la conocida como guerra de la independencia que, según las fuentes documentales, afectó profundamente a nuestro pueblo, perdiéndose buena parte de la documentación municipal. No eran momentos para celebraciones.

Si que sabemos, por la documentación conservada, que el santuario se mantenía en uso y con celebraciones en estas fechas, pues en mayo de 1813, José de Rojas Gento, vecino de Calañas indicaba que el anterior administrador de la ermita, vecino también de Calañas, que se ocupaba igualmente del santuario de La Coronada, había fallecido a finales del año 1812 y le había entregado a él las alhajas y pertenencias de la Virgen, solicitando que le confirmasen en el cargo de administrador del santuario, para desempeño de cuya función fue autorizado por el Obispado hispalense previo informe del párroco de Calañas. Por tanto, y en vista de la documentación existente podemos indicar que en estos momentos de inicios del siglo XIX la hermandad de la Virgen de España, fundada en 1708, se encontraba ya desaparecida, pues nada indican las fuentes documentales sobre la misma. Las últimas referencias a ella se conocen por el documento de 1785 de Juan Pablo de Heredia que habla de su organización y gobierno.

Curiosamente, en 1912, coincidiendo con el segundo centenario de este acontecimiento que hemos narrado, la Virgen de España vino nuevamente hasta el pueblo de Beas. En esta ocasión no lo hacía para cumplir la tradición instaurada en 1721 de regresar cada siete años, ni tampoco para conmemorar la efeméride de 1712, que no sabemos si por entonces se encontraba olvidada. Llegó a nuestro pueblo en el mes de agosto para celebrar en Beas sus fiestas anuales del mes de septiembre. Se tomó este acuerdo por que el santuario se encontraba en muy mal estado, siendo necesaria su reparación. Las últimas obras se habían efectuado en la ermita hacía más de cincuenta años, en 1856, y ahora eran necesarias nuevas intervenciones. Por eso los vecinos de Beas, en ausencia ahora de una hermandad que velase por los cultos en honor de la Virgen, solicitaron permiso al cura de Calañas para el traslado, petición que fue trasladada al Arzobispado de Sevilla, siendo aprobada por este el día 10 de agosto de 1912. Aquí permaneció la Virgen durante un año, regresando a su santuario, tras su reparación, en septiembre de 1913, para celebrar nuevamente en el mismo su festividad.


En fin este ha sido el relato de lo que conocemos sobre la vinculación de Santa María de España con el pueblo de Beas, y sobre los extraordinarios acontecimientos vividos en nuestro pueblo en 1712, con ocasión de la venida de la Virgen. Momentos que nos disponemos a rememorar, de ahí el sentido de esta charla.

Deseo que mi plática haya sido útil para todos. Espero no haberos aburrido en exceso. Y me congratulo de que hayáis podido aprender algo nuevo de ese pasado común tan rico que tenemos, y que tan poco conocemos, y que esta charla, como decía al principio haya servido para despertar un poco más el ánima dormida de nuestro pueblo, el alma de todos.

Gracias a todos por vuestra atención y hasta una próxima oportunidad, que espero sea pronto.