jueves, 19 de julio de 2012

EL CONTEXTO SOCIO POLÍTICO DE LA REALIZACION DE LA NUEVA TALLA DE LA VIRGEN DE LOS CLARINES.

Texto del artículo que se publicará en la Revista de Romería 2012 de la Hermandad de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines. 


Antonio Castillo Lastrucci. Imaginero sevillano, autor de la talla de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines.


Cuando en el año 1937, Antonio Castillo Lastrucci recibe el encargo de realizar la nueva talla de la imagen de la Virgen de los Clarines, era ya un afamado escultor, que contaba con 55 años edad, y se encontraba en su plena madurez artística. Antonio era un reputado imaginero con taller propio, ubicado en la calle San Vicente de la ciudad de Sevilla. En esos momentos, en pleno desarrollo de la guerra civil española, y en los años inmediatamente posteriores, su producción artística se va a ver favorecida por las circunstancias religiosas, sociales y culturales que atravesaba España. Lastrucci, no era solo un imaginero, pero la nueva realidad política del país hará que su obra se centre en estos años en la talla de imágenes, en detrimento de otras facetas a las que con anterioridad también se había dedicado. En esos momentos su taller está viviendo sus tiempos más productivos. Allí trabajaban un gran número de maestros oficiales, sacadores de punto, entalladores, carpinteros, lijadores, tallistas, doradores… para atender los numerosos encargos que el artista recibía para reponer o restaurar gran número de imágenes religiosas desaparecidas en los años inmediatamente anteriores, fruto de los conflictos sociales que padeció el país.

Antonio Castillo Lastrucci recibió a la delegación de beasinos que se desplazaron a su taller al comienzo del verano de 1937, en el mes de junio. Entre las personas que se desplazaron hasta allí, se encontraba, sin lugar a dudas, José Caballero Caballero, popularmente conocido como “El Cano la Reposo”, el hombre que había dirigido la Junta de Gobierno de la Hermandad de Clarines en los últimos años. Fueron recibidos por el escultor en el despacho que tenía en su taller, en el patio de su casa, al cual se accedía tras atravesar un cancel de hierro que lo separaba del zaguán. Era un patio porticado con columnas, donde se encontraban expuestas algunas obras del artista, curiosamente, casi todas de carácter profano, como algún toro realizado a tamaño natural en años anteriores. El despacho del artista era pequeño y en él se encontraban algunos de los bocetos de las obras que se estaban realizando en esos momentos. Los representantes beasinos, seguramente, coincidieron en el taller con otros emisarios de otras hermandades andaluzas, que también acudían al estudio del imaginero a realizar sus encargos. Allí, tras visitar los distintos espacios para ver cómo se trabajaba, acordaron con Lastrucci la realización de la nueva imagen de la Virgen. La delegación beasina entregó al artista una fotografía de la talla sagrada desaparecida el año anterior, con el objetivo, de que la nueva fuese ejecutada siguiendo ese modelo iconográfico. Igualmente informaron al maestro de que la figura del Niño de la Virgen, no había sido destruida y, por tanto, era deseo de la delegación beasina, que siguiese formando parte de la nueva obra religiosa que se debía realizar. Finalmente acordaron el precio para su ejecución, 2.500 pesetas, adelantándose un pago de 750 a la firma del contrato. Es muy probable, aunque este dato no puede ser contrastado ni por las fuentes orales, ni por las escritas que hemos consultado, que la talla de la nueva imagen de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines, fuese sufragada por uno o varios mecenas de Beas. La Hermandad no conserva en su archivo ningún documento sobre los acuerdos alcanzados con Castillo Lastrucci, aunque ese manuscrito debió existir. Con toda probabilidad, si la nueva imagen de la Virgen fue costeada por algunos vecinos de la localidad, ese documento debió quedar en poder de alguno de ellos, por eso, una vez más, desde estas páginas animamos a las personas  que puedan aportar luz sobre esta cuestión, a que revisen viejos papeles para que podamos localizar el mismo. Un documento de estas características no suele desaparecer, pues tiene un valor para quien lo posee. Ojala algún día podamos contar con el mismo en el fondo documental de la Hermandad.

La idea de realizar la nueva imagen debió estar presente en muchos beasinos desde el momento en que tuvo lugar la destrucción de la anterior, en julio del año 1936, tras el pronunciamiento militar contra el Gobierno de España y el inicio de la guerra civil que asoló el país. Pero esa idea debió madurar en el mes de abril de 1937, después de la celebración de la Semana Santa. El Domingo de Resurrección, desfiló por las calles beasinas la imagen del Niño de la Virgen de los Clarines, así como otras tallas sagradas que habían estado al culto en la parroquial beasina y que no habían sido destruidas en el asalto que sufrió el templo. Aquel desfile, acorde con los nuevos tiempos políticos que se estaban implantado en nuestra geografía peninsular, fue una mezcla de fervor religioso popular y apología política, que tuvo su máxima expresión en las imágenes de los populares “judas” instalados en las calles por donde discurrió la procesión, y que representaban a figuras políticas denostadas por quienes dirigían a nivel local la nueva realidad política que se estaba implantando en España, entre estas figuras estaban representados el Presidente de la República Española, Manuel Azaña, y la vicepresidenta del Congreso de los Diputados, Dolores Ibárruri.

Posiblemente la pretensión de los beasinos que se desplazaron hasta Sevilla para abordar el tema de la ejecución de la imagen sagrada fuese que la nueva talla de la Virgen estuviese ultimada para el mes de agosto, con el objetivo de contar con ella para los cultos que anualmente se organizaban en su honor. Pero este deseo no fue posible, no solo por la premura de tiempo con que se había afrontado el encargo, sino también por que Castillo Lastrucci, tal y como les había informado a todos ellos, tenía muchos encargos que atender. Por esta razón, cuando llegó el mes de agosto de 1937, y ante la ausencia de la imagen, la misma tuvo que ser sustituida por un lienzo con su representación, pintado por un beasino, Rafael Blanco, que presidió el altar de novenas instalado en la parroquia de San Bartolomé y que recorrió las calles de Beas en procesión la tarde noche del día 15 de agosto, festividad de la Virgen.
Nueva talla de la imagen de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines. 1937

Un mes más tarde, el día 28 de septiembre de 1937, el periódico provincial Diario de Huelva, anunciaba en sus páginas la siguiente noticia: “El pueblo [Beas] todo se prepara para recibir con la majestuosidad debida a la nueva imagen de su Excelsa Patrona, la Virgen de los Clarines, construida por un reputado imaginero sevillano”. Según esas mismas fuentes periodísticas la nueva talla de la Virgen, llegó a Beas el domingo 26 de septiembre de 1937 desde el taller del imaginero sevillano. Fue llevada hasta su santuario, en Clarines, donde se procedió a su bendición solemne por parte del párroco de la localidad, Francisco Jiménez Hidalgo. A continuación, en procesión, la Virgen fue trasladada hasta Beas. Una semana más tarde se organizaron una serie de cultos en su honor, que consistieron en unas novenas cantadas. Para, finalmente, el día 12 de octubre, coincidiendo con la denominada “Fiesta de la Raza”, llevar a cabo la procesión solemne de la nueva imagen por las calles de Beas, como si se tratase del día de la onomástica de la Virgen.  Para comprender el contexto social y político en el que tuvieron lugar todos estos actos, dejemos que sea el propio cronista de prensa quien nos lo narre, después, cada uno de nosotros podremos realizar nuestros oportunos análisis y conclusiones: 

 “La banda de música con los alegres sonidos de una diana militar y las campanas con sus repiques de las grandes fiestas, iniciaron la celebración de este día de la Raza Hispana. Todas las casas aparecieron engalanadas con los colores nacionales. No se abrieron los comercios y se suspendieron todas las faenas agrícolas que no implicaran urgente necesidad. A las nueve de la mañana se celebró en nuestro hermoso templo parroquial solemne función religiosa… En el altar mayor aparecía radiante de belleza y de esplendor, la imagen de nuestra Patrona la Virgen de los Clarines, en medio de una profusión de sombras y luces.
El coro, formado por las bellas señoritas de la localidad… cantaron la misa de Pío X y preciosos motetes. En altar daba guardia de honor una escuadra de cadetes. Al Alzar la banda entonó el Himno Nacional.
Terminado el Santo Sacrificio pasaron las autoridades y mandos de la FET [Falange Española Tradicionalista]al cuartel de estas milicias, desde cuyo balcón central dirigió la palabra a la concurrencia el camarada Pedro Díaz Gutiérrez, quien pronunció un discurso lleno de vibrante amor a Dios y a España, ensalzando las virtudes de la Raza y las del invicto Caudillo, viva encarnación de ella. Fue muy aplaudido, dándose muchos vítores a Cristo Rey, a España, a Franco, a José Antonio, al Ejército y a la Guardia Civil.
A continuación el comandante militar don Germán Diego Montesinos hizo uso de la palabra para expresar su agradecimiento al pueblo y el amor del benemérito Instituto a que pertenece, a su Patrona la Virgen del Pilar y a al Patria, por la que en todo momento están dispuestos a dar su sangre para conseguir hacerla grande y libre. Los aplausos y los vítores se repitieron estruendosos al terminar su sentido discurso.
A las nueves de la noche salió procesionalmente la imagen de la Virgen de los Clarines, siendo aclamadísima en todo el recorrido, que duró tres horas. Asistieron las autoridades, todas las secciones de FET y enorme público”.

En fin, este es el contexto socio político en el que se ejecutó y llegó a Beas la nueva imagen de la Virgen de los Clarines. Los cuatro mil habitantes del pueblo viven un momento dramático en el que la guerra civil que afecta al país no ha tocado a su fin. El miedo y la incertidumbre por el futuro están presentes en todos los beasinos. El proceso de secularización que vivía la sociedad española desde el siglo XIX, y que habíamos analizado en estas mismas páginas el año anterior, llega a su fin. El  conservadurismo más reaccionario y la militarización de la vida política y cultural serán la nueva tónica dominante en la sociedad española y beasina. Como decíamos en la revista pasada, a partir de ahora se dará un paso más en la alianza iniciada unos años atrás entre el poder político local, controlado por los vecinos con mayor poder económico en la población, y las autoridades eclesiásticas. Alianza que tendrá una de sus expresiones populares en la reposición al culto de la imagen de la Virgen de los Clarines.

                                                                                                 Diego Lorenzo Becerril Pérez.
                                                                                                              Archivero de la Hermandad.