miércoles, 11 de diciembre de 2013

EL BELÉN VIVIENTE DE BEAS, PÓRTICO DE LA NAVIDAD EN HUELVA




Cada inicio del mes de diciembre, desde hace ya más de cuatro décadas, Beas, con su Belén Viviente, anuncia el comienzo de la Navidad en nuestra tierra. Fue allá por el año 1970 cuando la Hermandad de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines tuvo la feliz idea de instalar un nacimiento vivo en el pueblo.  El concepto que barajaron sus promotores fue el de realizar un nacimiento tradicional, como los que se montaban en las casas del pueblo pero a escala humana, dotado de vida propia, en el que los protagonistas fuesen los más pequeños del lugar, los niños y niñas beasinos. Y junto a ellos los animales de las casas, corrales y campos de Beas: gallinas, burros, cochinos, vacas, borregos,... a fin de dar a todo el conjunto una mayor expresividad y viveza. El gran reto que se planteaba radicaba en lograr un cambio de escala respecto de los nacimientos tradicionales. A partir de este momento el Nacimiento Viviente de Beas, como se le denominó en sus primeros años de vida, empezó a crecer y ser renombrado hasta convertirse en la principal carta de presentación del pueblo, en su seña de identidad.



En aquella primera edición se buscó una casa cercana a la Plaza del pueblo, a la sombra de la bella torre dieciochesca de la Parroquia de San Bartolomé, para la instalación. Esa casa había sido célebre por el nacimiento de figuras móviles que montaba su propietaria Pepita Dolores Ramírez, el cual hacía las delicias de los pequeños beasinos. En cierta manera el Belén Viviente vino a recrear y dar vida a ese pesebre tradicional del pueblo. En tiempo récord, apenas unos cincuenta días, el Nacimiento cobró vida. Corcho, ladrillo, papel, ramas, cal,... dieron forma a una gran gruta bajo la cual se cobijaron las distintas escenas. Esta estética –única e irrepetible- la ha sabido mantener el Nacimiento a lo largo de toda su trayectoria, la cual le ha aportado su perfil y modelado característicos. Viejos cacharros y ajuares, sacados de los doblados de las casas del pueblo, fueron rescatados para complementarlo y llenar de armonía el conjunto. 


En el futuro el Nacimiento irá creciendo en espacio pero sin alterar grandemente su espíritu inicial: recrear a escala humana un nacimiento tradicional del pueblo, de manera que el visitante pudiese sentirse partícipe del mismo, recorriendo sus escenas y penetrando en ellas. En las siguientes ediciones el Belén irá buscando lugares más amplios para su representación, pasando a ubicarse en viejas bodegas en desuso a fin de poder dar cabida al cada vez mayor número de visitantes que se acercaban a contemplarlo. Esta trayectoria ascendente tuvo un punto de inflexión en diciembre de 1983, cuando hubo de cerrarse las instalaciones por el deterioro que presentaba la bodega en la cual se representaba. Fue un duro golpe para la Hermandad de Clarines, la cual se planteó el reto de buscar unas nuevas instalaciones que, además, debían ser de nueva planta, específicas para la muestra. Así se construyó la actual sede del Belén Viviente, que quedó inaugurada en diciembre de 1984. 


En sus nuevas instalaciones, la representación navideña muestra todo su contenido –que se renueva cada año- en torno a un gran lago central al que vierten sus aguas los arroyos, salvando algunos desniveles en cascadas que provocan la admiración del público. En torno a ese lago se desarrollan las escenas, repartidas a modo de pequeñas aldeas que trepan por las colinas de sus vertientes. Todo el conjunto queda encuadrado en una gran gruta en la que el visitante, cuando se adentra, se siente transportado en el tiempo. Y esa es quizás una de las señas de identidad del Belén Viviente de Beas que le hace diferente a otros nacimientos vivos, a diferencia de ellos, el beasino no se desarrolla al aire libre –como, por ejemplo los pesebres tradicionales catalanes, que gozan de gran prestigio-, sino que tiene lugar en un espacio cerrado que lo acoge a modo de teatro-museo. Pero tampoco es una representación teatral a modo de las pastorelas tradicionales castellanas o andaluzas, donde se nos narra de modo popular el nacimiento de Jesús. Aquí el teatro es abierto y sin diálogos, e invita al público a sentirse parte de la representación.

En Beas, además, los niños son los grandes protagonistas del Belén. Generación tras generación se convierten en aprendices e imitadores de los oficios dejados por sus abuelos: zapateros, costureras, herreros, hortelanos, pastores, labradores,... No podemos olvidar que el nacimiento vivo de Beas es una gran muestra antropológica de los modos de vida tradicionales del pueblo, algunos de los cuales ya están desaparecidos. El Belén es un museo vivo que se ha convertido en una gran muestra de interés cultural.

Además, el Belén Viviente de Beas es uno de los de mayor tradición en el conjunto de España, y el más antiguo de Andalucía, por eso podemos decir, como indicábamos al principio, que es el pórtico de la Navidad en Huelva. Tanto es así que ha sido reconocido como una de las Siete Maravillas de la Provincia en el apartado de sus tradiciones el pasado año.


Si Beas y su Belén Viviente marcan el inicio del periodo de la Navidad en Huelva, también podemos decir que el cierre lo borda la Cabalgata de Reyes de Higuera de la Sierra. Con ella el evento beasino comparte muchas características: uno y otro deben su desarrollo al carácter altruista y voluntario de su población; en los dos se representan escenas propias de la vida de Jesús, con otras alusivas a los modos tradicionales de vida de sus respectivos pueblos; ambos se han convertido en signos de identidad de sus respectivos pueblos; las dos muestras culturales son las segundas más antiguas en el conjunto de España en sus respectivos géneros, tras las de Corbera de Llobregat y Sevilla, respectivamente… y así podríamos citar muchas más similitudes. Precisamente, y por ello, hay razones más que suficientes para que los dos eventos y ambos municipios barajen la posibilidad de hermanarse en un futuro cercano, como símbolos indiscutibles de la Navidad en Huelva. Vínculo que debería ser respaldado por la Diputación Provincial, la institución matriz de esta provincia, en una clara muestra de seguir construyendo señas de identidades para nuestra tierra.

La muestra beasina, la de mi tierra, tiene aún un enorme potencial de crecimiento que es necesario desarrollar y articular. Para ello no basta con la ingente labor desarrollada por la Hermandad de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines, se hace necesario también un apoyo más amplio del Ayuntamiento de Beas capaz de hacer crecer al que es el mayor recurso cultural y turístico dinamizador del pueblo. En este sentido se podría aprender de la Cabalgata de Higuera, la cual, gracias al respaldo municipal, ha logrado desarrollar el magnífico Centro de Interpretación que de alguna manera prolonga su conocimiento durante todo el año. En igual sentido la Hermandad de Clarines puede encontrar en la Asociación de Amigos de la Cabalgata de Higuera un modelo en el que mirarse para que el evento beasino sea declarado Fiesta de Interés Turístico, y pueda ser incluido en el Catálogo del Patrimonio Histórico de Andalucía, categorías ya alcanzadas por la Cabalgata de Reyes o por otros nacimientos vivientes más jóvenes de Andalucía, como es el caso de Arcos de la Frontera. Son todos ellos aspectos esenciales para una mayor proyección del Belén Viviente de Beas.

Bienvenidos a la Navidad de Huelva.

Artículo publicado en Huelva Información / Opinión, el martes 10 de diciembre de 2013

lunes, 11 de noviembre de 2013

BELEN VIVIENTE DE BEAS. 2013-2014





EL BELEN VIVIENTE DE BEAS, EN SU EDICIÓN NÚMERO 44 YA TIENE CARTEL ANUNCIADOR.
FELICIDADES A LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. LA VIRGEN DE LOS CLARINES, Y A SU AUTOR, JUAN LUIS RAMÍREZ MORA.

lunes, 24 de junio de 2013

CON EL ALCALDE HEMOS TOPADO, AMIGO SANCHO



Uno de los más conocidos tópicos españoles es la expresión: “con la iglesia hemos topado”. La frase en cuestión no es una cita literal, como se suele afirmar, de la universal novela Don Quijote de La Mancha, sino una derivación de ella, pues en el dicho popular se cambió la palabra "dado” por "topado", añadiéndose la coletilla “amigo Sancho". Me van a permitir hacer una nueva adaptación del original cervantino para encabezar este artículo: “con el alcalde hemos topado, amigo Sancho”, para analizar lo sucedido en Beas en estos días pasados.

            Tal y como reflejó este mismo periódico (Huelva Información) en sus páginas, el pasado 21 de mayo de 2013 el equipo de gobierno, encabezado por el Alcalde, Guillermo Rivera Rosario, decidió destruir parte de una obra dedicada al Quijote, instalada en la Plaza de España. El Ayuntamiento calificó esta actuación como un “traslado”, justificado por "la insistencia de muchos beasinos de retirar la obra para que la plaza recobrara su estructura urbanística".  Desde mi opinión con esta actuación ni se ha realizado un traslado de la obra, ni esa acción responde a un sentimiento popular, ni se ha querido recuperar la estructura tradicional de la plaza, como voy a tratar de argumentar. 

            La obra Don Quijote y Sancho Panza fue realizada por el artista holandés, afincado en Venezuela, Cornelis Zitman. Se trataba de una instalación con la que se pretendía crear una experiencia visual y conceptual en el corazón beasino, la Plaza de España, ante los muros blancos de la iglesia del pueblo. Como en otras muchas instalaciones artísticas, el paisaje en el que se ubicaba la obra formaba parte integrante e interactuaba con ella. Como elementos físicos constaba de dos partes fundamentales, por un lado, las esculturas de Quijote y Sancho, realizadas en acero al carbono de  superficie lisa y tintada en negro (las piezas ahora reubicadas en otro lugar); por otro lado, su base, construida con ladrillo de adobe, granito y piedra, tratados con un mortero de cal coloreado (las piezas destruidas), que simbolizaban la hermandad entre Clarines (Venezuela) y Beas, a través de los modos de construcción empleados tradicionalmente en ambos pueblos. Además, la obra, poseía otros elementos de carácter conceptual relacionados con el espacio que ocupaban: las esculturas de los dos personajes literarios presentaban poco volumen, y destacaban por sus perfiles planos, fueron así ideadas por Zitman inspirándose en el popular Toro de Osborne. A Cornelis le llamaba la atención en sus viajes por Andalucía la silueta de este astado recortada en las lomas de los campos de cereales y olivos, por esta razón quiso que la silueta de su Quijote, de color negro como el toro, se recortarse también sobre un fondo destacado, eligiendo para ello, los muros blancos de la iglesia de Beas. Este emplazamiento respondía, además, a la conocida frase que el hidalgo manchego dijo a su fiel escudero, y con la que he iniciado este artículo: “con la iglesia hemos dado, Sancho”, de ahí que fuese instalada la obra ante los muros de la parroquia de Beas (los elementos ahora incomprendidos y descontextualizados).
Boceto realizado por el autor en el proyecto de instalación

            Por tanto, no se puede hablar de “traslado” de la obra, como afirma el alcalde Rivera, y sí, de destrucción, incomprensión o mutilación, como he indicado en este artículo, pues con esta acción no se han tenido en cuenta las características espaciales y conceptuales que Zitman barajó en su creación artística. No se puede proceder al “traslado” de una obra de arte, como se hace con un banco o una farola, una obra de arte es más que un mobiliario urbano.

            Esta forma de proceder por parte del Ayuntamiento ni siquiera ha contado con un informe en el que se justifique desde un punto de vista técnico ese “traslado”. Se decía en la información aparecida en Huelva Información, que se procedía al “traslado” de la obra para que la plaza de España “recobrara su estructura urbanística". Este podría haber sido un argumento para justificar ese “traslado”, al entender que obras de arte contemporáneo, que suelen transgredir las normas estéticas tradicionales, pudiesen entrar en conflicto con la estructura urbanística de la plaza, de carácter más tradicional. Pero creo, una vez más, que esa decisión política no responde a esta lógica, por dos razones. En primer lugar porque conozco la personalidad de Guillermo Rivera, el alcalde, un beasino muy vinculado al mundo de la cultura, en donde ha apostado por la trasgresión como creación en muchas ocasiones. Por tanto, me cuesta entender que la agresión al arte contemporáneo sea una manifestación de lucha interna entre lo nuevo y lo tradicional en la persona de Guillermo Rivera. Por otro lado, es difícilmente comprensible que se hable de recuperar la estructura de la plaza de España, cuando cada verano se otorga licencia para instalar en ella un quiosco de materiales plásticos modernos, de color azul playero, con soportes publicitarios, y con un mayor volumen que la obra destruida de Cornelis Zitman. El cual, además, se instala delante de los muros de la parroquia de San Bartolomé, el principal monumento de la localidad, sin tener en cuenta ninguna norma relativa a la protección del entorno de los bienes culturales. En este mismo sentido se puede recordar que para las Capeas de San Bartolomé o para el Belén Viviente, las calles del casco histórico de Beas se adornan con guirnaldas de materiales plásticos reciclados modernos y el Ayuntamiento otorga licencia para su instalación, sin que se valore sin son adecuadas o no para ser colocadas en la estructura urbana tradicional del pueblo.
La obra, ahora destruida.

            De igual modo en ese expediente, si es que existe, tampoco aparecerá la petición popular que según el alcalde obligaba a esta actuación. Puedo entender que un sector de la población beasina no comprenda la obra, como sucede con muchas de carácter contemporáneo. Pero, en este caso, nadie, ningún vecino del pueblo, ha presentado un escrito o petición en el Ayuntamiento solicitando ese “traslado”.

            No es de extrañar que ante este modo de proceder tan arbitrario, opaco, y carente de comprensión, Cornelis Zitman haya manifestado su descontento y su asombro, por lo que califica de “destrucción de su creación”. Además ha exigido al Ayuntamiento la entrega de los elementos metálicos que han resistido al desmantelamiento del conjunto. Por cierto, de esta obra existen otras versiones, realizadas en diferentes materiales y tamaños, en otros muchos lugares del mundo, entre ellas una en la propia ciudad de Huelva, ubicada en el Campus de El Carmen.

            En fin, este procedimiento es sólo una actuación unilateral de la alcaldía y su equipo de gobierno. De nuevo se procede, de manera arbitraria y autoritaria, a eliminar un elemento ornamental del conjunto urbano del pueblo, como ya se hizo en febrero pasado, y que tuve oportunidad de denunciar en este mismo periódico (18 de febrero de 2013). De igual modo, todo parece indicar que estas arbitrariedades se seguirán cometiendo. Me atrevería, incluso, a pronosticar cuáles serán las siguientes supresiones: la fuente y zona ajardinada de la calle Fontanilla, o la rotonda con piedras de molino de la avenida de Andalucía. Es decir, el hilo conductor de estos procedimientos es el mismo: acabar con todo aquellos elementos de embellecimiento público instalados por los anteriores responsables municipales. Y se hace “porque lo digo yo”, una óptica de administración pública y de decisión política muy democrática y acorde con las demandas de transparencia e información que cada vez más demandados los ciudadanos. Por eso tengo que expresar, una vez más, mi indignación, y exclamar que desde estas páginas “con el alcalde hemos topado, amigo Sancho”.
  
Artículo publicado en "Huelva Información". Domingo, 16 de junio de 2013.
                                                                                                  
                                                                                                        

miércoles, 24 de abril de 2013

EL BELÉN VIVIENTE, UNA MARAVILLA.

Una vez más el Belén Viviente de nuestro pueblo, organizado por la Hermandad de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines, recibe un nuevo reconocimiento. En este caso ha sido elegiodo como una de las 7 MARAVILLAS DE LA PROVINCIA DE HUELVA.

Las 7 maravillas de la provincia de Huelva es un proyecto impulsado por la Delegación Territorial de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo de Huelva de la Junta de Andalucía. El objetivo del proyecto es reconocer públicamente lugares, edificios, tradiciones, personajes o festejos de los municipios de la provincia de Huelva.
En el apartado referido a FOLKLORE Y TRADICIONES, ha sido elegiodo nuestro BELÉN VIVIENTE.

FELICIDADES a la HERMANDAD DE NTRA. SRA. LA VIRGEN DE LOS CLARINES.

FELICIDADES a todos los beasinos y beasinas que en estos 43 años de historia han hecho posible este signo de identidad para nuestro pueblo.

Sirva de anécdota que hace dos días atendiendo a una Delegación de Bielorrusia en el Parlamento de Andalucía, una de las personas que asistían a la misma, conocía el Belén Viviente de nuestro pueblo, indicándome que le pareció toda una MARAVILLA

jueves, 18 de abril de 2013

EXILIO CULTURAL EN BEAS.


La cultura nos permite comprender la realidad, mantener nuestras tradiciones y costumbres, pero también nos permite construir nuestra identidad. Nuestra realidad –hoy más que nunca- es global, plural y multicultural. Por lo tanto, la cultura debe facilitar el diálogo entre los/as diferentes ciudadanos/as que conformamos esta sociedad. El quehacer de las personas se manifiesta en lo cotidiano, en sus capacidades para crear y recrearse.

Suscribo plenamente esta defición de cultura, a la que se podían añadir otras muchas, tomadas de la web municipal del Ayuntamiento de Trigueros. En ella se habla de ciudadanos, participación, diálogo, tradicón, presente, futuro, diversidad,.. Traigo hasta el blog estas referencias al vecino pueblo de Trigueros, ya que se ha convertido en uno de los ayuntamientos más dinámicos a nivel cultural de nuestra provincia, ofreciendo cada trimestre una amplia y variada programación cultural, la cual, tal y como han reflejado los medios de comunicación proviciales, atrae cada vez más a un mayor número de ciudadanos, no solo del municipio de Trigueros, sino de los pueblos vecinos, entre los que se encuentran, especialmente, los beasinos, que cada vez participan en mayor número de estas actividades.

La respuesta positiva de los beasinos a estas iniciativas culturales parece evidente por muchos motivos, pero, sobre todo, porque en Beas se carecen de actiidades culturales. Digamos que hemos tenido que recurrir, metaforicamente hablando, al camino del EXILIO para poder disfrutar de la CULTURA. Marcharnos a Trigueros para disfutar de una programación cultural municipal de calidad, diversa y estable. Exilio que, sin lugar a dudas, nos ayudará a conocer mejor a nuestros vecinos.

Para muestra de lo que digo sirva este enlace, donde aparece la programación de primavera confeccionada por el Ayuntamiento de Trigueros.


Por ejemplo entre la actividades culturales destaca el programa "Trigueros de par en par", una iniciativa mediante la cual se da a conocer la historia y el patrimonio cultural de la localidad a través de una serie de talleres. Estos talleres se desarrollan a lo largo de cuatro sesiones en un mes, realizándose no sólo en las aulas, sino también en el exterior, visitando el patrimonio artístico de la localidad, para que pueda ser conocido por los vecinos y valorado por estos.

El Cine Club Antonio Cuadri, realiza periódicamente ciclos de cine, el último de los cuales va dedicado a la animación para adultos, entre cuyos títulos se va a exhibir Chico & Rita.

El teatro cuenta con una programación amplia, con representaciones de grupos consagrados, como Atalaya, hasta otras obras a cargo de grupos de aficionados no sólo de Trigueros, sino de otros pueblos vecinos. Además se ha organizado un certámen de teatro para los escolares de la localidad, respaldado por los diferentes centros educativos del municipio y por el Taller Municipal de Teatro. Mención especial merece el programa teatral "Cinco Lobitos", de teatro infantil y familiar, puesto en marcha en colaboración con la Diputación Provincial de Huelva.

Esa programación tampoco olvida a la música, con conciertos a cargo de la banda de música local, y presentaciones de discos de diferentes géneros, como flameco o blues.

Para quien guste de las exposiciones, se van a poder disfrutar de tres interesantes muestras en estos meses: Megalitismo en la provincia de Huelva. La guerra civil en sus documentos. Huelva, la luz dentro del tiempo.

Además la Biblioteca Municipal está organizando una serie de actividades para el mes de abril, el mes en el que se celebran la mayoría de las ferias de libros, coincidiendo con el el día del Libro.

Muchas de estas actividades culturales cuestán dinero, tienen asiganda una entrada para su disfute. Desde mi punto de vista esa es una buena política para que el ciudadano valore lo que se le ofrece. Yo soy de los que piesan que la cultura no debe ser gratuita, como no lo es, por ejemplo, el deporte. El precio que ha de pagar el ciudadano por asistir a las actividades programadas es muy popular, al alcance de casi todos los bolsillos. Además existen descuentos para colectivos en dificultades, amén de un cupo de entradas gratuitas  para desempleados, y descuentos para los más  jóvenes de la localidad.

En defintivia, con una política cultural coordinada, programada, pensada, trabajada, dialogada,..., así como con una política cultural que cuenta con presupuestos propios, se puede elaborar un amplio abanico de actividades  para el disfrute de los ciudadanos. Esta política cultural ha tenido como mejor premio la respuesta cada vez más amplia de un variado público, no solo de Trigueros, sino de los pueblos vecinos, entre los que se encuentran muchos beasinos. Asi se puede hacer cultura en positivo.

Lo que pretendo exponer en mi reflexión es, por un lado, mi sana envidia por que nuestro pueblo vecino esté experimentando un importante impulso en su actividad cultural, y, por otro, mi tristeza por que en mi pueblo, no se de ni un pequeño paso en este sentido. Una comparativa evidente de todo esto la encontramos en el mapa de las webs de los distintos ayuntamientos. En el de Trigueros podemos conocer quién es la persona responsable del Área de Cultura y podemos dirigirnos a ella. En la web del ayuntamiento de Beas es imposible esa información. El portal de internet del Ayuntamiento de Trigueros permite conocer la progrmación propia del Ayuntamiento y de otros colectivos del municipio. También permite participar, por ejemplo sugieriendo la compra de libros para la Biblioteca, por poner un ejemplo. En el portal beasino no existe programación cultural, y además el acceso a la información sobre algunas de las instalaciones culturales ni siquiera puede ser desplegado, como es el caso de la Casa Museo de Venezuela.

Son dos modos de ver la cultura. En una aparece el diálogo y la participación. En la otra es la pasividad la que destaca. ¿Qué ha pasado con la cultura en Beas?. Desde un despacho cerrado a los ciudadanos es difícil apostar por este tema. Parece que nadie muestra interés en el Ayuntamiento aunque sólo sea por organizar una actividad de carácter mensual.Un repaso de la actividad cultural anunciada en la agenda de la web municipal de Beas indica que las pocas actividades desarrolladas son todas organizadas por colectivos sociales del municipio. Las únicas organizadas por el Ayuntamiento de Beas derivan, precisamente, de la poca o excasa actividad formativa que se lleva a cabo, como el Taller de Pintura o la Escuela Municipal de Música. No hay nada más.

Por cierto, para conocer en la web municipal de Beas quien es el/la concejal responsable del Área de Cultura del Ayuntamiento, hay que hacer ciertos malabarismos. Logré averiguarlo por algunos documentos insertos en la misma web. Se trata de la concejal María Ángeles Benito Oliva, responsable Festejos y Cultura, esa información la pude conocer porque firma el Plan Romero de la Virgen de España. Hasta ese plan tuve que acudir para saber de qué persona se trataba.

De cara a un futuro cercano parece que se va a organizar una representación teatral en el pueblo. Menos mal que va a haber una al menos. Se dice que va a contar con la participación directa del Alcalde, Guillermo Rivera Rosario, vecino que ha dado grandes muestras por los intereses culturales del municipio en el pasado. Se trata de una obra teatral destinada a recaudar fondos para la Parroquia de San Bartolomé. Me parece muy positiva esa labor solidaria con la iglesia beasina, pero ¿sólo eso deber ser la cultura en Beas?. Las obras de Alvarez Quintero ligadas a estos mismos fines sociales formaban hace ya mucho tiempo el único paisaje cultural de nuestro pueblo. Como decía al principio de esta reflexión, hoy la realidad actual del municipio es mucho más plural y también deber ser tenida en cuenta y recibir los apoyos políticos del Ayuntamiento.

lunes, 15 de abril de 2013

EL HERMANAMIENTO ENTRE BEAS Y CLARINES.




ACTO DE CELEBRACIÓN DEL XIX ANIVERSARIO DEL HERMANAMIENTO ENTRE BEAS Y CLARINES.

Beas, 13 de abril de 2013.


Buenas noches de primavera, de despertar, de ilusiones renovadas a todos y a todas, clarinenses y beasinos. Gracias por dejarme compartir este día de celebración con vosotros.

Sin lugar a dudas esta es una noche de celebración para todos vosotros, entre los que yo me incluyo. Existe un motivo que nos ha reunido en torno a esta mesa, en este punto de encuentro. No es otro que el hermanamiento entre nuestro pueblo, Beas –mi pueblo, como a mí me gusta llamarlo-, y Clarines, en otra geografía, en otro ámbito, al otro lado del Océano, en Venezuela.

Hermanamiento es una palabra grande y hermosa, pero nueva. Es un concepto casi contemporáneo a nosotros mismos, nacido en la segunda mitad del siglo XX en Europa, pero que hunde sus raíces en el viejo concepto medieval de hermandad, aquel vínculo entre pueblos y concejos que unían esfuerzos para compartir algo en común, como el vínculo de los hermanos en una familia. Por lo tanto, hermanamiento es unión y es armonía entre dos. Hermanamiento es también un lazo espiritual. Y hermanamiento es, sin lugar a dudas, un vínculo entre dos comunidades, entre dos pueblos.

El hermanamiento de pueblos es un concepto por el cual algunos lugares de distintas zonas geográficas y políticas se emparejan, se unen, para fomentar el contacto humano y los enlaces culturales. Normalmente, como en este caso, los pueblos hermanados tienen algo en común, un referente, un nombre,…  que forma parte de sus tradiciones, de sus raíces, por muy diferentes que sean sus culturas.

La idea del hermanamiento entre pueblos y ciudades, como ya he dicho, surgió en Europa no hace tanto tiempo, fue poco después de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de aportar a la población europea lazos de unión mayores y de promover proyectos comunes, en una época de reconstrucción, después de una gran guerra cargada, como todas, de odios y rivalidades.  Hoy en día este concepto se ha extendido por todos los continentes, dando lugar a algunos hermanamientos muy interesantes, que han facilitando el acercamiento entre culturas variadas y heterogéneas, como puede ser nuestro caso.

Preparando esta charla, quise conocer de los hermanamientos existentes entre municipios españoles y otros de distintas áreas geográficas y políticas. Para ello accedí a la página web de la Federación Española de Municipios y Provincias, donde aparece el listado de municipios españoles hermanados con otros, entre los que se incluyen los municipios hermanados con Latinoamérica. El listado es amplio, 124 municipios españoles están oficialmente hermanados con algún pueblo o ciudad de América Latina, de nuestra querida América. El que mayor número de ciudades hermanadas tiene al otro lado del océano es precisamente uno de nuestra provincia, Palos de la Frontera, por razones que parecen obvias. Se encuentra hermanado con seis ciudades americanas.

Curiosamente, en ese listado oficial no aparece Beas. Nadie se acordó en nuestro pueblo de comunicar oficialmente este hermanamiento. El próximo año, cuando nos volvamos a sentar en esta mesa, celebraremos veinte años de aquel primer encuentro. Ojalá que para entonces esta asignatura pendiente esté superada. Hagamos los deberes y superemos entre todos esta reválida.

Una de las características que define a los hermanamientos entre pueblos y ciudades es que no sólo los ayuntamientos han de tener un papel decisivo en los mismos. Lo tienen porque, entre otras cuestiones, es necesaria la aprobación en el pleno de un hermanamiento. Pero no sólo el ayuntamiento, el órgano político del municipio, debe implicarse en la tarea, sino que también es necesaria, y deseable, la aportación de los ciudadanos, de la sociedad civil, cuya contribución es vital para que un hermanamiento alcance sus objetivos y perdure en el tiempo.

Por ello esta asociación, la Asociación Río Unare, que no es nada más que un vehículo de articulación de los ciudadanos beasinos implicados en el hermanamiento, ha de jugar y realizar un papel central en esta hermandad. Debe demandar y ser escuchada. Debe exigir y a la vez contribuir. Debe cuidar, hacer crecer y encauzar la dinámica ciudadana creada en el vínculo de hermandad de 1994. Río Unare es un instrumento central en este lazo de hermandad. Es compromiso y es su memoria viva. Río Unare, y quienes la formáis, sus asociados, sois ciudadanía activa, la que está llamada a ser el motor de esta acción de hermandad creada hace diecinueve años. Nunca lo olvidéis, seguid cultivando la vela de luz que encendisteis hace casi dos décadas para que su llama nunca se apague, para que el hermanamiento no caiga en el olvido.

En este día de renovación de lazos de hermandad, en este día de encuentros, de compartir y de evocar,… son necesarias abrir puertas para colaborar, para comunicar, para participar, para cooperar,… hoy, más que nunca, son necesarias abrir las puertas del lugar que ha escenificado el encuentro entre Beas y Clarines, las puertas del espacio que ha reunido en estos años a muchas gentes de aquí y de allá. Las puertas de la casa que simboliza nuestra hermandad.

En definitiva este es un día de puertas abiertas para dar a conocer lo mejor de nosotros mismos, por eso desde este espacio de privilegio que hoy me brindáis, desde esta tribuna en la que puedo alzar mi voz, ruego, pido, solicito, reivindico, exijo, cualquier otro verbo que pueda aquí poner, que las viejas puertas traídas desde el otro lado del océano, que sirven de paso a la Casa Museo de Venezuela en nuestro pueblo, se vuelvan a abrir de par en par.

De par en par para que en su patio y en sus galerías vuelva a entrar la vida, la creación, la cooperación, el encuentro, la hermandad. No más puertas cerradas, no más olvido, no más lejanía. El símbolo más palpable de este hermanamiento no puede quedar por más tiempo en silencio, en la afonía. No puede quedar por más tiempo cubierto de polvo y enmohecido… abramos sus puertas, encontremos entre todos la llave que lo pueda sacar de su letargo, de su melancolía.

En estos momentos de tantas reivindicaciones sociales, no podía yo quedar aquí sin hacer las mías. Hago aquí estas reivindicaciones como puras reflexiones que quiero compartir con vosotros. Reflexiones con las que, como es lógico, se puede dialogar, compartir y sencillamente discrepar.

Dejemos atrás estas reflexiones. Volvamos a nuestro punto de partida: nuestro hermanamiento. Nos reunimos aquí 419 años y seis días después de la fundación de la ciudad de Ntra. Sra. de los Clarines a orillas del río Unare en la entonces llamada Nueva Andalucía, hoy parte de Venezuela. Sobre este hecho histórico poco más se puede decir que ya no conozcáis. La historia oficial ya ha escrito muchas páginas al respecto. A estas alturas creo que todos los presentes habéis oído hablar de Francisco de Vides y de los intereses económicos que le movieron a ser Gobernador de la Nueva Andalucía; también habréis oído hablar de la fundación de la ciudad de Clarines y de los intereses repobladores que tenía la corona española de Felipe II en la zona del Orinoco. La documentación oficial conservada en el Archivo de Indias o en el Archivo Histórico Nacional ha aportado muchos datos a este respecto.

Cuando se me propuso esta charla, pensé que poco nuevo se podía aportar a lo ya conocido. Pero, tratando de buscar nuevos datos, se despertó mi interés por los personajes secundarios de esta historia, los 286 acompañantes del Gobernador Vides. De entre todos ellos, me interesé por los más cercanos a nuestro pueblo, la familia beasina compuesta por Cristóbal Rodríguez Orihuela, María García y sus dos hijos de corta edad, Benito e Isabel. A ellos también le acompañaron otro paisano, Cristóbal Martín Vallés.

¿Qué se sabía de ellos? La respuesta es bien sencilla: poco o nada, más allá de sus nombres y apellidos y su lugar de procedencia. Pero yo quise ponerles una historia, una narración que me aclarase qué pudo motivar a varios beasinos en 1592 a embarcarse en una aventura a lo desconocido, a lo incierto, al no retorno. Dejando atrás todas sus referencias personales y modos de vida. Pero la historia oficial, la de los documentos de los archivos de la Corona nada cuentan al respecto. El único recurso que tenía para conocer algo de ellos era novelar sus vidas. Y a ello me puse.

Lo que os voy a presentar a continuación son sólo los primeros pasos de esta historia novelada, centrada en su personaje principal, Cristóbal, el cabeza de familia, el que toma la decisión de la partida. Los personajes que vais a conocer en este relato son todos reales, existieron en ese tiempo y en este lugar. Todo lo demás, es fruto de mi invención. Mi propósito, con este relato no es otro que acercaros a comprender la decisión que motivó a este beasino de poco más de treinta años a dejar para siempre su tierra atrás y partir rumbo a lo desconocido.

Esta historia pudo comenzar así…
 
Aquella tarde de finales de invierno de 1592, Cristóbal Rodríguez Orihuela, vecino del lugar de Beas, después de las tareas agrícolas que habitualmente realizaba, se encaminó, junto a su pequeño rebaño de ovejas, hasta el santuario de Clarines, distante media legua de la población, junto al arroyo que llamaban de El Naranjal, por los muchos huertos de naranjos que se cultivaban en sus riberas.

Una hora de caminata le llevó a las puertas de la ermita. Allí seguía el pequeño recinto sagrado, junto a los restos del castillo, aquel que sus abuelos le habían contado que era de tiempos de los moros, abandonado trescientos años atrás, casi por el mismo tiempo en que sus antepasados habían llegado hasta estas tierras que empezaban a ser conocidas como la Andalucía, procedentes del Reino de Murcia.

En aquel lugar comenzaban las tierras de montes y pastos de los campos comunales que se extendían por el este del pueblo  hasta los baldíos de la villa de Niebla. En esas dehesas era costumbre que, pasada la festividad de San Lucas, en el mes de octubre, pastasen los rebaños de ovejas hasta las fiestas de San Juan, al comienzo del verano, momento en el que empezaban a ser usadas por las piaras de cochinos, tal y como estaba estipulado en las ordenanzas que don Juan Manuel Pérez de Guzmán y Gómez de Silva, decimotercer señor de Sanlúcar, decimoprimer conde de Niebla y octavo duque de Medina Sidonia, su señor, había mandado redactar.

Desde la pequeña ermita Cristóbal contempló el paisaje, las tierras de labor, poco a poco, iban ganando terreno a las zonas de montes, que se veían menguados por la roturación constante de nuevas heredades, en las que se cultivaban vides y cereales, así como algunos olivares, pocos aún, pero su plantación estaba siendo estimulada por los condes de niebla, gracias a los buenos resultados que estos daban en otros territorios próximos, como eran las ricas tierras del Aljarafe, cercanas a la que se decía era la gran ciudad de Sevilla, que Cristóbal no conocía, pero que pronto iba a tener oportunidad de admirar.

Desde el altozano, la pequeña colina en la que se encontraban los restos de aquel castillo y el santuario, mirando hacia el poniente, más allá de los campos de cereales, podía alcanzar a ver aquel azulado horizonte, hasta querer ver el mar, un mar que sabía no estaba lejos, pero que él nunca había visto.

A sus 34 años, no conocía el mar, sólo había visto el puerto de San Juan, distante unas dos leguas al sur, en la orilla derecha del río Tinto, a donde, en alguna ocasión, había ido como arriero para llevar cargas de vinos de las bodegas de Beas o de Trigueros, caldos que ahora se empezaban a exportar, y cuya producción iba en aumento en los dominios del señor de Niebla.

Acostumbraba Cristóbal a sentarse al sol en el huerto que el santero de la ermita poseía en el lugar. Allí junto a la higuera centenaria, donde se decía había aparecido la imagen de la Virgen muchos años atrás, solía entablar conservación con el curtido hombre de letras que era el mayordomo, Gonzalo Núñez, allí retirado después de una larga vida de trabajos en distintas ciudades de castilla, y que ahora ejercía de humilde ermitaño. Gonzalo se había formado en la ciudad de Sevilla en las primeras décadas del siglo, donde había conocido a uno de los grandes hombres del conocimiento de la época, el humanista Benito Arias Montano, retirado como él a otro santuario, el de la peña de alájar, para dedicarse a estudiar la biblia. La formación humanista del mayordomo, conocedor de la historia, la lingüística, la filosofía y la teología, siempre despertaba el interés de Cristóbal, que, aunque era iletrado - no sabía leer ni escribir- era una persona de grandes inquietudes y deseoso siempre de adquirir nuevos conocimientos, por lo que siempre le resultaba placentero escuchar al ermitaño de la Virgen.

Aquella tarde solicitó a Gonzalo que le hablase del mar, del gran océano que desde allí casi se alcanzaba a adivinar. El viejo ermitaño, precisamente, le refirió que el mar y el lugar en el que estaban, la ermita de clarines,  guardaban una estrecha relación.

Pocos años atrás, hacia mediados de ese siglo, el XVI de la era cristiana, según creía recordar Gonzalo Núñez, desde el mar llegaron hasta el viejo santuario dos magníficos regalos, se trataban de dos piezas de altar labradas en plata, venidas de las indias, aquellas tierras míticas situadas al otro lado del océano. El ermitaño le invitó a entrar en la pequeña iglesia para mostrárselas. Al atravesar el dintel de la puerta, Cristóbal se estremeció al contemplar la luz del recinto sagrado. Los bajos rayos del sol de la tarde de invierno iluminaban cálidamente aquel espacio. La orientación de la ermita, con la puerta de acceso mirando hacia el poniente, y la capilla mayor alineada al este, hacían posible ese agradable juego de luces y sensaciones. Ante la Virgen, sobre un gran altar de raso carmesí, regalado por la condesa de Niebla, estaban las dos piezas plateadas venidas desde el mar océano. Eran la ofrenda de uno de los muchos vecinos de la comarca, que habían hecho fortuna en las nuevas tierras.

Precisamente el santero, guardaba con celo todos los inventarios relativos a los bienes de la ermita, en donde anotaba los nombres de los donantes, describía las piezas regaladas, e indicaba su procedencia. Esa era la tarea a la que se dedicaba en los que, intuía, podían ser los últimos años de su vida.

 No eran estos los únicos elementos venidos desde las tierras ahora descubiertas. En la pequeña hornacina donde se cobijaba la virgen con su Niño en brazos, dándole el pecho, el pastor pudo contemplar el manto de plumas verdes que la imagen llevaba. Le pareció magnífico por sus formas extrañas y por ese color tan brillante, acentuado por la luz del sol al atardecer. Gonzalo le refirió que la pieza estaba confeccionada con las plumas alargadas de una extraña ave, que en aquellas tierras lejanas llamaban quetzal, nombre que, precisamente, significaba “cola larga de plumas brillantes”, el cual había sido usado por uno de los muchos reyes que mandaban en aquellas tierras antes de la llegada de los castellanos. Era el obsequio de una persona que había participado en la conquista de una tierra que llamaban “el lugar de los muchos árboles”, o lo que es lo mismo, Guatemala, junto con un conquistador de carácter enérgico y cruel, muy sanguinario, llamado Pedro de Alvarado.

“Manto de reyes para una reina”, pensó Cristóbal. Hasta ahora él nunca se había fijado en esos objetos tan ricos y bonitos venidos desde el otro lado del mar, desde unas tierras que estaban aportando grandes riquezas a la corona de Castilla y a todo aquel que hasta ellas se trasladaba.

El mayordomo siguió mostrando otros objetos. Le llevó a contemplar aperos de viejos barcos y huesos de animales marinos. Le refirió a nuestro pastor que a la Virgen se la consideraba especial protectora y abogada de los navegantes. Incluso le relató que algunos de los barcos que cruzaban los mares tenían por nombre el propio de la virgen, cuestión que conocía por las cartas recientes, recibidas de viejos conocidos que trabajaban en la casa de la Contratación de las Indias de Sevilla.

Cristóbal quedó impresionado por aquellos enormes huesos que eran de un gran animal marino llamado ballena. Se decía que eran cazadas por los vascos y cántabros en las aguas de los mares del norte de Castilla, y habían sido depositados en la ermita como ofrenda de agradecimiento a la Virgen ante alguna penalidad acontecida en el mar, sin que Gonzalo pudiese precisar de qué se había tratado, pues estaban en el santuario desde muchos años antes de que él hubiese iniciado su labor de ermitaño.

  En medio de tanto descubrimiento, el recinto sagrado se fue oscureciendo. Caía la tarde y la conversación se había prolongado más de lo esperado. Al desaparecer el sol por el horizonte, el frío se hizo más intenso. Una ligera bruma se apoderó del espacio. Gonzalo le indicó que ese fenómeno no era extraño en el lugar, solía ocurrir, precisamente, cuando algún marinero llegaba hasta él con alguna ofrenda para la Virgen. Aquel ambiente, con la luz tenue del atardecer, tenía algo de mágico para Cristóbal.

No era hora de volver hasta Beas, y Cristóbal fue invitado a la pequeña estancia que, junto al santuario, era el hogar del mayordomo. Primero guardó sus ovejas en el corral construido entre los restos del viejo castillo. Luego, al calor de la chimenea, el ermitaño siguió relatando viejas historias a nuestro protagonista, invitándole a cenar algo de vino, pan y queso, así como algunos pescados en salazón que cada vez eran más frecuentes en las dietas de los vecinos del lugar. Le habló del hallazgo de la Virgen por un pastor, leyenda que Cristóbal ya conocía, y también le conversó acerca de lo que la imagen de la Virgen representaba, relato que para nuestro pastor fue todo un descubrimiento. Le dijo que era una Virgen que llamaban del Reposo, aunque  también se le conocía a este tipo de imágenes que dan de comer al Niño, como Virgen de la Leche o de la Gruta de la Leche, en recuerdo al lugar que se decía la Virgen usó en Belén para amamantar a su hijo.

Luego entró en otros detalles que fueron más difíciles de entender para Cristóbal. En los últimos años muchos sacerdotes, especialmente los que habían participado en un concilio de la iglesia celebrado hacía unos treinta años en la ciudad de Trento, en Italia, querían evitar que este tipo de imágenes de la Virgen pudiesen seguir siendo representadas, porque no eran adecuadas para la moral de la iglesia. Por ello, en los últimos años, algunas imágenes de la Virgen amamantando a su hijo habían sido repintadas para evitar, precisamente, que su pecho blanco pudiese ser contemplado por los fieles. Él temía que, algún día eso pudiese ocurrirle a la talla de Clarines, entre otras cosas porque el padre Juan de Arroyo, el párroco de San Bartolomé, llegado pocos años atrás a Beas, era partidario de aplicar las nuevas normas de la iglesia emanadas de Trento.

La conversación se iba a dilatar mucho aquella fría noche de invierno. El ermitaño, acostumbrado a la soledad, agradecía enormemente la presencia en su hogar de personas que pudiesen darle conversación y compañía. Gonzalo, que se había percatado de la curiosidad de Cristóbal, comenzó a hablar de aquellas tierras que tanta prosperidad otorgaban a quienes se decidían a ir hasta allí en busca de fortuna o mejores medios de vida. Se decía que existían montañas tan altas como nunca antes vistas, ríos que parecen mares, terrenos con tantos árboles que no tienen fin... Le habló de grandes ciudades, algunas tan bonitas como la Venecia europea. Le habló de mezquitas, pirámides y otros templos extraños; de reyes cargados de oro, plata y objetos preciosos, como los que él acababa de contemplar en la ermita,… y la imaginación de Cristóbal, a cada nueva referencia, no hacía más que despertarse y desbordarse.

Y entre tanta descripción, en un momento dado, se refirió a un nuevo viaje que se estaba preparando hacia esos dominios. Una expedición que debía partir más allá del mar en los próximos meses y para la cual se buscaban personas dispuestas a dejar su tierra para adentrarse en una aventura que, sin dudas, le habrían de traer prosperidad. Se escrutaban especialmente hombres casados, como Cristóbal, que quisiesen partir para el otro lado del océano junto con sus familias, que supiesen labrar la tierra y cuidar del ganado, como él lo hacía habitualmente, pues se pretendía poblar un amplio territorio que se llamaba, precisamente como este, Andalucía, Nueva Andalucía, una tierra nueva y rica que sería entregada a todo el que hasta allí se desplazase para poblarla.

Nuestro pastor, aunque no conocía de leyes, sabía que era costumbre que este tipo de empresas se dieran a conocer en los pueblos mediante el toque de instrumentos o la voz del pregonero. Él no había escuchado nada al respecto. Entonces Gonzalo le relató que esa expedición, aún no anunciada, iba a ser preparada por un vecino del pueblo de trigueros, un gobernador de aquellas tierras, llamado Francisco de Vides, que en esos momentos se encontraba en la corte de Felipe II, en Madrid, tratando de resolver todo ese asunto y otros pendientes que tenía ante el Real y Supremo Consejo de Indias. Le contó Gonzalo que Vides había llegado de las Indias el año anterior, y antes de partir para Madrid, había visitado, como era costumbre en él, el santuario, pues sentía gran devoción por la Virgen, como otros muchos triguereños, y que en esa visita a la ermita, le había comentado cuáles eran sus planes, y además, había mandado realizar a uno de los alfareros del pueblo una imagen de la Señora para llevarla con él hasta el otro lado del océano.

El mayordomo también le habló a Cristóbal de el Dorado, una tierra fabulosa, donde un rey solía bañarse en polvo de oro, por lo abundante de este metal en sus dominios. Ese rey había sido visto cerca de los dominios del gobernador Vides y, con toda probabilidad, pronto serían descubiertos y poblados sus territorios, que se creían estaban cerca de un gran rio, el más grande nunca visto que llamaban del Orinoco.

Aquella fue una noche corta para nuestros amigos, entre plática y plática, apenas durmieron. De mañana Cristóbal marchó bien temprano para el pueblo. El día no era tan frío como el anterior, e incluso parecía que, a estas alturas de comienzos de marzo, la primavera llegaba apresurada, o al menos así lo percibió nuestro protagonista. Muchas imágenes fueron pasando por su mente en el camino: las riquezas de las Indias, el Dorado, el mar, el gobernador… entró en el pueblo, como de costumbre, parándose a rezar en la ermita de San Sebastián, el santo protector ante la peste, cuya capilla, situada junto al calvario, estaba a la entrada de la población, para que protegiese a sus habitantes de esa terrible enfermedad. Luego, por el camino de San Sebastián, llegó hasta su hogar, situado en Los Corrales, el callejón trasero a una de las calles donde vivían los vecinos de mejor posición social del pueblo, la calle de Mojarro, situada junto a la plaza.

Su mujer, María García, le esperaba. Cuidaba de sus hijos pequeños, Benito e Isabel que aún dormían, y, aunque asustada, estaba acostumbrada a que Cristóbal, en ocasiones, no regresase a casa, sobre todo cuando llevaba a sus ovejas a pastar a los campos de Clarines. Ella siempre le decía que el viejo ermitaño fantaseaba con sus historias, pero Gonzalo nunca reparaba en esos comentarios. Le vio llegar casado pero con ojos despiertos, ilusionantes, imaginó que alguna de esas historietas habían levantado los ánimos de su esposo, con el llevaba casado hacía apenas ocho años.


Y aquí voy a detener mi relato, aunque sea bruscamente.  Ese relato seguirá en algún momento, con la conversación entre los esposos y la toma de la decisión de la partida. A ella seguirá la despedida de sus antepasados en Santa María de Gracia, donde están enterrados.  Y, a continuación todo lo nuevo para ellos: el camino hacia la impresionante ciudad de Sevilla, la contemplación del mar por vez primera en Sanlúcar de Barrameda, las vicisitudes de la travesía del océano,  las no menos dificultades encontradas a la llegada, la fundación de la ciudad, el reparto de tierras, la construcción de su nueva casa, el encuentro con los nativos, las rivalidades políticas entre los cabecillas de la expedición y sus consecuencias… en fin todo aquello que les pudo acontecer en sus nuevas vidas al otro lado del océano.

Pero eso será momento para otro relato, quizás cuando celebremos dentro de un año el vigésimo aniversario del encuentro entre beasinos y clarinenses, cuatrocientos años después de que todo esto comenzase.

Buenas noches y muchas gracias por vuestra atención. Disfrutemos ahora de esta estupenda velada que no ha hecho nada más que comenzar y bridemos por una hermandad entre nuestros pueblos que perdure mucho en el tiempo.