miércoles, 11 de diciembre de 2013

EL BELÉN VIVIENTE DE BEAS, PÓRTICO DE LA NAVIDAD EN HUELVA




Cada inicio del mes de diciembre, desde hace ya más de cuatro décadas, Beas, con su Belén Viviente, anuncia el comienzo de la Navidad en nuestra tierra. Fue allá por el año 1970 cuando la Hermandad de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines tuvo la feliz idea de instalar un nacimiento vivo en el pueblo.  El concepto que barajaron sus promotores fue el de realizar un nacimiento tradicional, como los que se montaban en las casas del pueblo pero a escala humana, dotado de vida propia, en el que los protagonistas fuesen los más pequeños del lugar, los niños y niñas beasinos. Y junto a ellos los animales de las casas, corrales y campos de Beas: gallinas, burros, cochinos, vacas, borregos,... a fin de dar a todo el conjunto una mayor expresividad y viveza. El gran reto que se planteaba radicaba en lograr un cambio de escala respecto de los nacimientos tradicionales. A partir de este momento el Nacimiento Viviente de Beas, como se le denominó en sus primeros años de vida, empezó a crecer y ser renombrado hasta convertirse en la principal carta de presentación del pueblo, en su seña de identidad.



En aquella primera edición se buscó una casa cercana a la Plaza del pueblo, a la sombra de la bella torre dieciochesca de la Parroquia de San Bartolomé, para la instalación. Esa casa había sido célebre por el nacimiento de figuras móviles que montaba su propietaria Pepita Dolores Ramírez, el cual hacía las delicias de los pequeños beasinos. En cierta manera el Belén Viviente vino a recrear y dar vida a ese pesebre tradicional del pueblo. En tiempo récord, apenas unos cincuenta días, el Nacimiento cobró vida. Corcho, ladrillo, papel, ramas, cal,... dieron forma a una gran gruta bajo la cual se cobijaron las distintas escenas. Esta estética –única e irrepetible- la ha sabido mantener el Nacimiento a lo largo de toda su trayectoria, la cual le ha aportado su perfil y modelado característicos. Viejos cacharros y ajuares, sacados de los doblados de las casas del pueblo, fueron rescatados para complementarlo y llenar de armonía el conjunto. 


En el futuro el Nacimiento irá creciendo en espacio pero sin alterar grandemente su espíritu inicial: recrear a escala humana un nacimiento tradicional del pueblo, de manera que el visitante pudiese sentirse partícipe del mismo, recorriendo sus escenas y penetrando en ellas. En las siguientes ediciones el Belén irá buscando lugares más amplios para su representación, pasando a ubicarse en viejas bodegas en desuso a fin de poder dar cabida al cada vez mayor número de visitantes que se acercaban a contemplarlo. Esta trayectoria ascendente tuvo un punto de inflexión en diciembre de 1983, cuando hubo de cerrarse las instalaciones por el deterioro que presentaba la bodega en la cual se representaba. Fue un duro golpe para la Hermandad de Clarines, la cual se planteó el reto de buscar unas nuevas instalaciones que, además, debían ser de nueva planta, específicas para la muestra. Así se construyó la actual sede del Belén Viviente, que quedó inaugurada en diciembre de 1984. 


En sus nuevas instalaciones, la representación navideña muestra todo su contenido –que se renueva cada año- en torno a un gran lago central al que vierten sus aguas los arroyos, salvando algunos desniveles en cascadas que provocan la admiración del público. En torno a ese lago se desarrollan las escenas, repartidas a modo de pequeñas aldeas que trepan por las colinas de sus vertientes. Todo el conjunto queda encuadrado en una gran gruta en la que el visitante, cuando se adentra, se siente transportado en el tiempo. Y esa es quizás una de las señas de identidad del Belén Viviente de Beas que le hace diferente a otros nacimientos vivos, a diferencia de ellos, el beasino no se desarrolla al aire libre –como, por ejemplo los pesebres tradicionales catalanes, que gozan de gran prestigio-, sino que tiene lugar en un espacio cerrado que lo acoge a modo de teatro-museo. Pero tampoco es una representación teatral a modo de las pastorelas tradicionales castellanas o andaluzas, donde se nos narra de modo popular el nacimiento de Jesús. Aquí el teatro es abierto y sin diálogos, e invita al público a sentirse parte de la representación.

En Beas, además, los niños son los grandes protagonistas del Belén. Generación tras generación se convierten en aprendices e imitadores de los oficios dejados por sus abuelos: zapateros, costureras, herreros, hortelanos, pastores, labradores,... No podemos olvidar que el nacimiento vivo de Beas es una gran muestra antropológica de los modos de vida tradicionales del pueblo, algunos de los cuales ya están desaparecidos. El Belén es un museo vivo que se ha convertido en una gran muestra de interés cultural.

Además, el Belén Viviente de Beas es uno de los de mayor tradición en el conjunto de España, y el más antiguo de Andalucía, por eso podemos decir, como indicábamos al principio, que es el pórtico de la Navidad en Huelva. Tanto es así que ha sido reconocido como una de las Siete Maravillas de la Provincia en el apartado de sus tradiciones el pasado año.


Si Beas y su Belén Viviente marcan el inicio del periodo de la Navidad en Huelva, también podemos decir que el cierre lo borda la Cabalgata de Reyes de Higuera de la Sierra. Con ella el evento beasino comparte muchas características: uno y otro deben su desarrollo al carácter altruista y voluntario de su población; en los dos se representan escenas propias de la vida de Jesús, con otras alusivas a los modos tradicionales de vida de sus respectivos pueblos; ambos se han convertido en signos de identidad de sus respectivos pueblos; las dos muestras culturales son las segundas más antiguas en el conjunto de España en sus respectivos géneros, tras las de Corbera de Llobregat y Sevilla, respectivamente… y así podríamos citar muchas más similitudes. Precisamente, y por ello, hay razones más que suficientes para que los dos eventos y ambos municipios barajen la posibilidad de hermanarse en un futuro cercano, como símbolos indiscutibles de la Navidad en Huelva. Vínculo que debería ser respaldado por la Diputación Provincial, la institución matriz de esta provincia, en una clara muestra de seguir construyendo señas de identidades para nuestra tierra.

La muestra beasina, la de mi tierra, tiene aún un enorme potencial de crecimiento que es necesario desarrollar y articular. Para ello no basta con la ingente labor desarrollada por la Hermandad de Ntra. Sra. la Virgen de los Clarines, se hace necesario también un apoyo más amplio del Ayuntamiento de Beas capaz de hacer crecer al que es el mayor recurso cultural y turístico dinamizador del pueblo. En este sentido se podría aprender de la Cabalgata de Higuera, la cual, gracias al respaldo municipal, ha logrado desarrollar el magnífico Centro de Interpretación que de alguna manera prolonga su conocimiento durante todo el año. En igual sentido la Hermandad de Clarines puede encontrar en la Asociación de Amigos de la Cabalgata de Higuera un modelo en el que mirarse para que el evento beasino sea declarado Fiesta de Interés Turístico, y pueda ser incluido en el Catálogo del Patrimonio Histórico de Andalucía, categorías ya alcanzadas por la Cabalgata de Reyes o por otros nacimientos vivientes más jóvenes de Andalucía, como es el caso de Arcos de la Frontera. Son todos ellos aspectos esenciales para una mayor proyección del Belén Viviente de Beas.

Bienvenidos a la Navidad de Huelva.

Artículo publicado en Huelva Información / Opinión, el martes 10 de diciembre de 2013