LAS CALLES DE BEAS

Esta página del blog la vamos a dedicar a conocer un poco la historia de nuestro pueblo a través de sus calles. Es esta una tarea que iniciamos hace muchos años, una década atrás, en un periódico que publicábamos en nuestro pueblo y que llevaba por nombre EL POZO DEL CONCEJO.

También queremos que tú participes en la página. Para ello en algunos momentos vamos a pedirte tu colaboración para localizar algunos datos relativos a algunas de las calles.

Como siempre nuestro correo de contacto es:
dilobepe@gmail.com.


INTRODUCCIÓN.
EL ORIGEN DEL NOMBRE DE LAS CALLES      

          Cualquier pueblo necesita de sus calles para poder organizarse. Las calles son como sus arterias, sus vías de circulación, por ellas se mueven sus gentes, la sangre del pueblo, quienes necesitan de estos caminos urbanos para poder fluir por el cuerpo formado por el pueblo. En calles y plazas se organiza la vida de cualquier población, allí están los lugares de habitación, los espacios de comercio, las zonas de ocio y juego, los sitios donde el pueblo se relaja y se expresa como colectividad a través de sus fiestas y costumbres populares… Recorrer las calles de cualquier pueblo es acercarse un poco a la historia del lugar, las calles nos hablan mucho de cómo surgió un pueblo, del lugar donde se organizó el poder político y religioso, de su evolución urbanística a través del tiempo. Las calles también nos hablan de la capacidad económica de sus gentes, reflejada en muchos casos en las fachadas que se abren a cada una de las vías o arterias del pueblo. Pero observar una calle también nos ayuda mucho a conocer los hábitos y costumbres de las gentes de un lugar, de si les gusta el orden y la limpieza, si sienten respeto por el patrimonio, si cuidan los jardines y la naturaleza,… e incluso de pinceladas menos visibles como, por ejemplo, el respeto por los demás, que puede medirse en pormenores tales como comprobar si existen coches mal estacionados en sus calles que impiden el tránsito de personas con movilidad reducida, o en la hora de depositar la basura en los contenedores para no molestar a los vecinos que los tienen próximos a sus domicilios… Todo esto y mucho más puede observarse si uno agudiza los sentidos al pasear por las calles de cualquier pueblo, y advertir todos y cada uno de estos detalles.

            Las calles de un pueblo también nos pueden aportar más información del lugar a través de la nomenclatura de ellas. El nombre de una calle puede hablarnos de algún aspecto histórico del lugar (Carretera de la Estación, Santa Engracia), de parajes desaparecidos y hoy integrados en el espacio urbano (Arenal, Pozo del Gobierno), de algún vecino destacado de la población (Jacinto Ramírez, Antonio Rodríguez Waflar) de los pueblos vecinos y la relación existente con ellos, manifestada con algún nombre en el callejero local (Valverde del Camino en Candón), de sus tradiciones religiosas, reflejadas en la rotulación de las calles con el nombre de algún santo o advocación de la Virgen (San Bartolomé, Clarines, Reposo), de situaciones políticas determinadas, como fueron algunos nombres usados en el pasado y de los que luego hablaremos, e incluso de nombres que poco tienen que ver con el pueblo y que en muchos casos reflejan la poca valoración de “lo nuestro”, los llamados nombres neutros a los que más adelante nos referiremos.

            Los nombres de las calles surgieron de modo espontáneo para diferenciar unas de otras. Desde su nacimiento cualquier calle es identificada con un nombre, este puede ser oficial o simplemente puesto por los vecinos para distinguirla de otras. Las calles comenzaron a ser denominadas con nombres que popularmente les colocaron los habitantes que vivían en ellas. La rotulación oficial de una calle es algo que no surgirá prácticamente hasta el siglo XIX, momento en el que los ayuntamientos se preocupan por otorgar, de un modo administrativo, una denominación a cada una de las vías de una población, procediendo a la colocación del rótulo con su nombre en las esquinas de la misma. Es decir, primero surgirá el nombre popular y después el oficial, que no necesariamente coincidirá con el primero, y en muchos casos ni siquiera llegará a suplantarle, por muy oficial que sea este.

            Para comprender mejor este proceso, valga el siguiente ejemplo: en los años 70 y 80 del pasado siglo XX surge con fuerza el fenómeno urbanizador de la aldea de Clarines, pero la rotulación oficial de sus calles no llegaría hasta casi 20 años más tarde. Al principio estas vías van a ser conocidas por nombres populares. Así la actual calle Virgen de la Cinta comenzó a denominarse por los vecinos como calle del Pozo por encontrarse en ella el Pozo de Clarines, después pasó a ser señalada con una letra, primera solución que encontró la Junta de Gobierno de la Hermandad de Clarines para aclarar el recorrido de la procesión de la Virgen el 15 de agosto por la aldea y, más tarde, le fue impuesto su nombre oficial. Pero, a pesar de contar la calle con una denominación administrativa aún persiste en el lenguaje de los vecinos el nombre popular de Pozo para referirse a ella.

            Por tanto suele ocurrir en muchas ocasiones que denominación oficial y popular no sean coincidentes, el nombre popular, muy arraigado entre los vecinos del pueblo, permanecerá siempre en la voz de sus gentes, más allá de los cambios oficiales del título de la calle, transmitiéndose de generación en generación. Podemos poner un ejemplo de entre las calles históricas de Beas que es muy elocuente, se trata de las denominaciones oficiales que ha tenido una de ellas  y que no han logrado suplantar al apelativo popular, nombre que, por otra parte, nunca le ha sido rotulado oficialmente. Si digo calle Mojarro, Príncipe Alfonso o Topete, pocos de los lectores sabrán a qué vía de la población me estoy refiriendo, pese a que con estas tres denominaciones se ha identificado a esta misma calle en distintos periodos de tiempo. Por el contrario, si digo Cabezo Grande, la inmensa mayoría de los lectores identificarán la calle de nuestro pueblo a la que me refiero. Esta última denominación, pese a no ser la que actualmente lleva la calle como nombre oficial, persiste en el lenguaje popular muy por encima de su nombre oficial de calle Cervantes, muy ajeno a la cultura tradicional del pueblo, que le fue impuesto en el año 1980, y que aún no termina de arraigar en el lenguaje vecinal.  Otro ejemplo claro de lo que venimos hablando es el de la calle Huertas o de las Huertas, que será así conocida popularmente por encima de los distintos nombres de carácter oficial con los que ha sido bautizada: Indalecio Prieto, Queipo de Llano o el actual de Diego Velázquez.
           
            La primera denominación que se le coloca a una calle puede surgir por diferentes motivos. Por ejemplo, si nos referimos nuevamente a la calle de la Huertas, el nombre se debe, como todos supondrán, a un elemento existente en la calle y que le otorgaba su personalidad, las huertas existentes en la ribera del arroyo de Trigueros o del Pilón, cuyas tapias o límites asomaba a esta calle, algunas de las cuales aún persisten, aunque ya ocultas tras las fachadas de las casas que miran a esta vía.  Algo parecido sucede con la calle Arenal, una de las más antiguas del pueblo, que debe su nombre precisamente a la propia orilla del arroyo, de aspecto arenoso y sobre la que se construyo una de sus aceras.

            Otras veces el nombre de la calle surge por la presencia en ella de un edificio que la dignifica o identifica, por ejemplo la calle Santa Engracia debe su nombre al Hospital de Santa María de Gracia, uno de las construcciones civiles más antiguas de nuestro pueblo, ubicada en esta arteria y que hoy pasa prácticamente desapercibido por la ausencia de un plan rehabilitador que sea capaz de ponerlo en valor. También fue este el caso de la calle Mesones (hoy Rodríguez Waflar), que debe su nombre a la acumulación de posadas y mesones en la misma.

             A veces, el nombre de la calle surge por ser el camino que conducía hasta un sitio determinado, es el caso de la calle San Sebastián, que llevaba hasta la ermita y cementerio así llamado. O el caso de la calle Villarrasa (hoy Jacinto Ramírez), por ser el comienzo del camino que conducía hasta esta vecina localidad. O el caso de la calle La Fuente (hoy Antonio Machado) que iba hasta el Llano, paraje en el que se situaba una fuente de uso público.

            A veces el nombre de la calle surge simplemente por la fisonomía de ella, por ejemplo la Plaza es así llamada por ser el único espacio de estas características de la población, o la calle Larga (hoy Ntra. Sra. de los Clarines), fue así denominada por ser precisamente la calle más alargada del pueblo, o la Cuesta Empedrada (el que fuera primer tramo de la actual calle García Lorca), recibió ese nombre por ser la cuesta que llevaba al Cabezo y encontrarse empedrada. Sucede igual con los nombres populares de las dos calles que conducían al Cabezo, el lugar más elevado de la población, llamadas Cabezo Grande, por ser el camino principal, y Cabezo Chico, por ser la vía secundaria para dirigirse hasta allí. En este sentido también podemos indicar el nombre de carretera de la Estación, por ser la vía que conducía a la estación de ferrocarril del pueblo

            Otras veces con los nombres oficiales de las calles se quiere rendir homenaje a algún personaje que ha destacado por alguna razón en el pueblo, de esta índole existen varias denominaciones de vías en Beas, la mayoría de ellos referidos a maestros del pueblo, son los casos de Maestro Jacinto Ramírez, Don Pedro Díaz Gutiérrez y Maestro Antonio Pérez, y en otros casos referidos a vecinos que destacaron por algún motivo en el conjunto de la población como Antonio Rodríguez Waflar, o el Teniente García Gutiérrez.

            Frente a estos nombres de raíz popular surgieron en los siglos XIX y XX otros de carácter oficial que poco tenían que ver con la cultura popular tradicional. En estos siglos muchas de las históricas calles de la población y otras surgidas con su desarrollo urbanístico, comenzarán a contar con denominaciones debidas a hechos políticos. En este sentido una serie de acontecimientos históricos, tal y como puede comprobarse por las tablas adjuntas, marcarán la denominación oficial de las calles de Beas, como sucedió prácticamente en la totalidad de los pueblos de España. La Dictadura de Primo de Rivera, la proclamación de la Segunda República en 1931 y el golpe de Estado del General Franco y la Guerra Civil, en 1936, van a marcar estas tendencias. Son momentos en los que las clases dirigentes de los pueblos tratan de expresar o imponer sus convicciones políticas mediante el uso imparcial de las denominaciones de las vías públicas, muy por encima del consenso y aprobación generalizados que expresaban las denominaciones populares. Fechas claves de varias sesiones plenarias impondrán estos criterios, como la de la Comisión Gestora del Ayuntamiento, celebrada el 24 de abril de 1931, la del Pleno del Ayuntamiento, del día 18 de abril de 1936 y la de la Comisión Gestora del Ayuntamiento que tuvo lugar el 14 de septiembre de 1936. En estos años casi la totalidad de las calles de Beas conocieron cambios de nombres que se reflejan en la tabla que acompaña a este texto.

            Finalmente existen otro grupo de calles rotuladas de un modo oficial con lo que podríamos denominar “nombres neutros”, es decir, con títulos de personas y ciudades que poco o nada tienen que ver con la historia del pueblo,  y que al igual que están reflejadas en el callejero local lo pueden estar en el de cualquier otra población. Fue esta una solución adoptada en 1980 por los responsables municipales de los primeros ayuntamientos democráticos, con el sano deseo de desterrar del callejero local de una vez para siempre la rotulación política de las décadas anteriores. Fue una decisión que apostó por este tipo de nomenclatura, antes que por poner en valor los nombres tradicionales de muchas vías, aquellos salidos de la cultura popular y que aún persisten en el lenguaje vecinal. Tal vez fue una decisión poco meditaba, de compromiso, y que deja vislumbrar una de nuestras señas de identidad, el poco valor que le damos a lo “nuestro” frente a lo foráneo. Así surgieron en el callejero local nombre de importantes personas de la historia, como García Lorca, Diego Velázquez, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Vázquez Díaz, y otros tantos, pero que poca relación guardan con nuestra identidad como pueblo. Tan poca valoración se le ha dado popularmente a estas denominaciones que en muchos casos, casi 30 años después de ser sancionadas oficialmente no han logrado destronar a la denominación popular de la vía. Sucedió igual con los nombres que por esas fechas se les colocó a las vías surgidas en las zonas nuevas de expansión urbana a comienzos de los años 80 del siglo pasado, en donde proliferaron los nombres de las provincias andaluzas para bautizar a las nuevas calles que allí surgían, por encima de las propias denominaciones de los parajes donde las mismas estaban desarrollándose, y cuyos apelativos nadie se acordó de incluir en el callejero local como recuerdo de su existencia: Huerta Nueva o Cortinal de Dios.

            En las últimas décadas, ya sin cambios de denominación oficial en el callejero del pueblo, se ha optado por continuar con nombres referidos a personajes de la historia española para la denominación de las nuevas calles de la población, por ejemplo, Blas Infante, Giner de los Ríos, Goya, Murillo, Clara Campoamor, también el de algunos personas y útiles de la carrera colombina: Colón, Rábida, Pinta, Santa María, Niña… Sólo en contadas ocasiones se ha bautizado una calle nueva con algún nombre relacionado directa o indirectamente con nuestra población: San Bartolomé, Río Unare, Plaza de Venezuela, Pozo del Gobierno, calle Pozo del Concejo, calle Morejón, Maestro Antonio Pérez,  para las calles que recuerdan edificios o parajes de las mismas, …


NOMENCLATURA DE LAS CALLES HISTÓRICAS DE BEAS.
Nomenclatura de las calles históricas de Beas.


Otras denominaciones

Plaza de España
Den. Inicial
Otras
Plaza
Plaza Alfonso XIII
Plaza de la República



Ntra. Sra. de los Clarines.
Den. Inicial
Otras
Larga
Manuel Azaña


Diego Velázquez
Den. Inicial
Otras
De las Huertas
Indalecio Prieto
Queipo de Llano



Jacinto Ramírez
Den. Inicial
Villarrasa

Francisco Jiménez Hidalgo
Den. Inicial
Otras
Serrano
Labradores
Largo Caballero
Comandante Haro




Antonio Rodríguez Waflar
Den. Inicial
Mesones (Siete Calles)

Antonio Machado
Den. Inicial
Otras
La Fuente (Siete Calles)
Capitán Varela


Juan Ramón Jiménez
Den Inicial
Otras
De En Medio (Siete Calles)
Manuel Burgos
José Calvo Sotelo



Arenal
Den. Inicial
Arenal

San Sebastián
Den. Inicial
Otras
San Sebastián
Diego Martínez Barrios
José Antonio Primo de Rivera



San Bartolomé
Den. Inicial
Otras
Polas
Amargura
Pablo Iglesias
General Franco




Cervantes
Den. Inicial
Otras.

 
Den. Popular
Mojarro
Príncipe Alfonso
Topete
Galán y Hernández
Primo de Rivera
Cabezo Grande






Ramón y Cajal
Den. Inicial
Otras
Den. Popular
Guardia
General Sanjurgo
Cabezo Chico



Santa Engracia
Den. Inicial
Engracia
Teniente Federico


García Lorca
Den. Inicial
Otras
Cuesta Empedrada
General Mola


Nueva
Den. Inicial
Nueva

Cruz Verde
Den. Inicial
Cruz Verde

Andalucía
Den Inicial
El Barrio

San José
Den. Inicial
Calleja de los Lagartos

Belén Viviente
Den. Inicial
Den. Popular
Colón
Nador


Vázquez Díaz
Den Inicial
Normal a General Sanjurgo

Carretera de la Estación
Den. Inicial
Carretera de la Estación

Fontanilla
Den. Inicial
Fontanilla

Teniente García Gutiérrez
Den. Inicial
Bda. Teniente García Gutiérrez

Vázquez Limón
Den. Inicial
Vázquez Limón

Rábida
Den. Inicial
La Rábida

Pedro Díaz Gutiérrez
Den. Inicial
Pedro Díaz Gutiérrez